Opiniones

Eva Clavería

Donde dije digo, digo...

Uno de los últimos compromisos del Gobierno era que las entidades financieras españolas no iban a recibir más dinero público, porque para eso había aprobado una reforma que pasaba por forzar a las entidades bancarias a reconocer sus pérdidas y sanear sus balances.

Lo había dicho claramente el ministro de Economía y el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy:
“el Gobierno no prestará dinero a los bancos en problemas”. “Solamente entrará dinero público en una situación límite”, porque él lo ha dejado claro: “Haré cualquier cosa aunque no me guste y aunque haya dicho que no lo voy a hacer”. En ese juego, entre la defensa de unos principios y la renuncia a los mismos a la primera de cambio, hemos acabado con que el Gobierno rescatará a Bankia con una cantidad que ronda los 7.000 o 10.000 millones de euros.

¿Es mucho dinero? Sí, es mucho dinero si tenemos en cuenta que el valor de Bankia en bolsa es de 4.736 millones de euros, menos de la mitad de lo que puede recibir del Gobierno en ayudas. Y sí, es mucho dinero si tenemos en cuenta que 10.000 millones de euros es casi un 1 por ciento del Producto Interior Bruto.

No es, desde luego, una situación deseable. Pero la quiebra de los bancos es la respuesta propia de la economía de mercado de las decisiones irresponsables tomadas en el pasado por una entidad financiera. El mercado funciona así: Una entidad otorga préstamos a clientes insolventes. Obtiene graves pérdidas como consecuencia de su generosa e irresponsable política crediticia. Su capital no aguanta tales pérdidas. Y la entidad quiebra. Se venden sus activos al mejor postor, y los accionistas de la misma sufren las pérdidas correspondientes. La historia económica está plagada de tales ejemplos.

Lo que es relativamente nuevo es eso de que el Gobierno no quiera, bajo ningún concepto, que una entidad quiebre. Para justificarlo, habla de la salud del sistema financiero. Pero esa salud exige que haya quiebras. Porque de este modo los activos van de manos irresponsables a manos responsables. Esa es la virtud de este sistema.

El Gobierno de Rajoy heredó, así, un gran problema con Bankia. Pero ni le ha sabido dar solución, ni ha querido que el mercado encuentre la suya, como debería haber hecho. Ahora, el resultado es que el Estado tendrá que endeudarse en un 0,7 o un 1,0 por ciento del PIB para salvar a esta entidad.

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