
Cómo desmantelan los servicios públicos Es fácil conocer los procedimientos de desmantelamiento de lo público ya que casi siempre se va dejando un rastro evidente que ayuda a reconstruir cómo se procede desde el poder para justificar la decisión final, porque no nos engañemos, las decisiones que engordan, adelgazan, desmantelan y externalizan servicios públicos corresponden a los políticos y dichas decisiones casi nunca son inocentes.
El primer paso que suele darse en esta dinámica es el desprestigio social de los funcionarios y trabajadores públicos. Ésta suele ser una tarea lenta y prolongada a la que ayudan los medios afines. Se dejan caer horarios, rendimientos, número de ellos en relación al nº de habitantes, salarios, casi siempre comparándolos con otros países (los que interesan, claro) para hacer llegar a la opinión pública que los que tenemos son muchos, vagos, excesivamente bien pagados y con corta jornada laboral. Presentado así, de modo sesgado, acaban pareciendo unos holgazanes privilegiados, porque cala fácil en las mentes menos reflexivas (que son mayoría).
El segundo paso, que también corresponde a la decisión política, es olvidarse de convocar oposiciones. De nuevo usan los medios para dejar claro a la gente que sobran, que hay demasiados, y que es inasumible crear un puesto de trabajo más.
El tercero, en paralelo al segundo, es no asumir la tasa de reposición que cubra las jubilaciones producidas, traslados y otros mecanismos de reducción. Ya no es que se evite tener más sino procurar que sean muchos menos insistiendo en la idea de que con menor cantidad de trabajadores públicos se puede hacer el mismo trabajo o mejor.
El cuarto paso, objetivo final de todas las decisiones, no es dimensionar los puestos de trabajo a las necesidades de servicio sino crear la necesidad de externalizar dichos servicios, incluso recurriendo al argumento de que falta personal y eso obliga a un proceso de externalización/privatización que presentan como imprescindible.
El quinto paso es el más ofensivo, repartir estos servicios entre las empresas interesadas y con las que no es difícil encontrar intereses comunes, familiaridades, simpatías políticas, etc. aunque ya se encargan unos y otros de dar opacidad a todo ese tipo de relaciones más que mosqueantes
Es evidente que el cáncer mayor del sistema son los políticos y no los funcionarios, y me queda muy claro quiénes son los que de verdad sobran en cantidad y calidad.
