
Canino
Estaba alborozado y aturdido. Tenía el rostro y el pecho húmedos de sudor y a ella le pareció el hombre más hermoso del universo. No era sólo la perfección de los rasgos, era el deseo que sentía de tocarlo y abrazarlo. Emanaba de él una especie de magia, una sensualidad que suscitaba el deseo de besarlo hasta el fin de los tiempos.
Y Ricardo había experimentado tantas sensaciones esa noche que de golpe sintió en sus amores un agujero imposible de remendar. Araceli hundió su cabeza en el triángulo de sus piernas. Él, inexperto, se abandonó al intenso placer, sólo roto momentáneamente, cuando la amazona lo montó, cabalgándolo hasta mascullar aquello de “vas a saber lo que es perder”.
Estaba convencido de que el único amor desinteresado que existía sobre la faz de la tierra era el que profesaban los padres a sus hijos. Por eso, el bienestar de la prole estaba por encima de los mezquinos intereses individuales. Pero el corazón de las arpías se corrompe con facilidad. Traicionó al padre, apartándole de sus hijos. Y aquellos hechos que nunca debieron caer en el olvido, se perdieron en el tiempo. La desaparición de hijos y padre pasó desapercibida. Hasta que, cuando se presentó la ocasión, encontró un nuevo incauto, al que ocultó en las profundidades de una almibarada y ponzoñosa seducción. Y allí, le consumió. Durante años envenenó su mente; y en la lúgubre caverna, esperó.
Pensar, poner orden, comprender. Ojalá el pudiera ordenar su vida. ¿Qué había ocurrido durante todo aquel tiempo? Araceli seguía maltratándolo, pero aunque el maltrato físico había decrecido, se había agudizado la presión psicológica. Frases como “estás loco”, ”deberías ir al psiquiatra”, “eres un neurótico”, “estás enfermo”, “eres un fracasado”, “estás mal de la cabeza”, “eres un mal padre” se colaban como afiladas agujas en toda conversación, por inocua, distante o superficial que fuera.
Les había oído hablar, deducen que si les han ninguneado, debe de haber una buena razón. Pero no, no hay una buena razón, se sabe totalmente cuerdo. Y se lo va a explicar a ellos. Pero una voz sabia le dijo -¿Cómo? Cuánto más intentes parecer cuerdo, más loco te creerán. Si sonríes demasiado, estás delirante o reprimiendo la histeria. Y si no sonríes, estás deprimido. Si permaneces neutral, estás retraído emocionalmente, potencialmente catatónico.
Nadie puede cambiar el pasado. Pero el futuro, ya es otra historia. Y en algún punto tenía que empezar.
Cuando veo a esa gente con megáfono acosando a personas respetables, delante de su casa, pienso en la misma escena de la película juegos secretos. También veo el intento de huida en el que la amante coge a su hija, pero el amante no coge a su hijo. Y a la postre veo las bondades de tratar de llevar una vida sexual normal y sana, que desde luego no pasa por pretenderla en terceros, negándola del mismo modo a primeros. ¿Que cabe esperar de quien traicionó o entabló hostilidades caprichosas?
Por último aconsejar ver la película “Canino”, un acercamiento a las relaciones en las que los padres encierran a sus hijos, y los hijos, ya adultos, no salen de una eterna infancia, tan expuesta a calamidades. Lo mismo que puede aplicarse a estas resultas de políticos, financieros y empresarios, que hacen esas cosas tan bizarras.
