
Justa contraprestación
Cuando te escondes detrás del silencio,…
apuestas por perder la carrera de la vida.
Cuando te arropas con la distancia,…
apagas la llama del amor.
Cuando esperas, más de lo que tú eres capaz de dar,…
te equivocas.
No es inteligente, sólo dar, lo que queremos dar,
hay que entregar lo que el otro necesita.
A menudo, después de una alegría, se produce una gran tristeza. Una incipiente amistad se trunca por un leve desencuentro. Entre conocidos se producen reclamaciones desproporcionadas que ni por asomo aparecen antes, ni mucho menos entre desconocidos, con los que se mantiene una actitud cordial y de mayor disponibilidad, que llega a veces a la filantropía de varios miles de euros, o prestaciones personales muy comprometidas.
“Quienquiera que seas, siempre he confiado en la bondad de los desconocidos”, decía Almodóvar en “Todo sobre mi madre”.
Ello es producto de estructuras lógicas, consuetudinarias, pero que se pueden modificar mediante el aprendizaje y la toma de consciencia. Como todo lo que es distinto entre personas de personalidades y capacidades distintas.
Miramos con distancia al parado de larga duración, a la persona que sufre alzhéimer, al funcionario corrupto, hasta al periodista que muere cubriendo una noticia, diciendo –se veía venir- Y sin embargo despotricamos de personas de las que no sabemos nada, solo dimes y diretes, cuando no bulos, llegando a ofrecernos como verdugos. Un viejo de 90 años decía, -si supiera que me iba a morir dentro de una semana, a tal político le cortaba el pescuezo de cuajo-.
Y lo que es peor, renegamos de personas a la que las leyes imponen cargas, sin contraprestación. Y llegamos a pensar que es natural que se mantenga el derecho a la herencia por parte de hijos alienados parentalmente. Que se tenga derecho a prestación por desempleo, sin buscar empleo, o que personas odiosas, pretendan liquidaciones que no se atengan a las aportaciones.
Cuente a sus allegados y con quien se encuentre y dispongan de tiempo, lo que ha visto, ocúpese de ellos, haga las cosas que a ellos les gusta hacer. No se sienta mezquino, hable con ellos, sea próximo. Téngales en cuenta, tenga un detalle con ellos de vez en cuando, recuérdeles que existen para usted, que están vivos y que les importan. Esta es la única terapia, se lo digo por experiencia.
