Opiniones

Gonzalo Villa

Fragilidad  Se oyen voces de desconcierto. Los agricultores dicen que cada vez entienden menos la realidad.

“Antes cuando la cosecha era pobre, se resistía, y cuando era abundante, se invertía” comenta un propietario de campos de frutales. Sin embargo un almacenista del Bajo Aragón Histórico muestra varias toneladas de fruta, destinada a fertilizantes, porque una cosecha abundante, baja los precios y conviene no realizar tanta oferta.

No es raro encontrar agricultores que recelan de la denominación de origen Melocotón de Calanda, y hoy es el día en que se empiezan a instalar en el Bajo Cinca industrias de transformación en zumos, para evitar la estacionalidad de sus productos.

Las manifestaciones sindicales se quedan pequeñas, ante las nacionalistas, 65.000 frente a un millón y medio, mientras se olvida que el desarrollo de unos territorios es mayor por su posición estratégica en relación con el país entero, de lo que lo hubiera sido si hubiera sido un país desde hace siglos.

Al fin y al cabo es algo sencillo, ante la falta de compromiso y solidaridad, la tentación que moviliza la voluntad es: cuando hay mucho que ganar y poco que perder, y su correspondiente mucho que perder y poco que ganar, cabe esperar acciones y decisiones por parte de una parte significativa de la población. Lo demás son zarandajas, nimiedades, fruslerías, naderías.

Véase como han proliferado miserias abyectas como el divorcio, como los discursos hostiles para reventar la familia, como la exaltación de la ignorancia como madre de todos los males.

Lo de la crisis es un juego de niños, de niños maleducados y malcriados, que regalados para maltratar a gentes civilizadas y no violentas, se ven en la inevitable costumbre de divertirse jugando a ser dios. 

Compartir

Otros artículos de opinión

Image