
En un mundo libre
Angie no ha recibido una educación demasiado esmerada, pero está llena de energía y ambición, y está dispuesta a abrirse camino en los negocios ilegales a codazos, y así demostrar lo que vale.
Acaba de despedirse de una empresa de selección de trabajadores temporales. No es la primera vez que se queda sin trabajo, debido a su genio destemplado.
Decide dejar de trabajar para otros, y gracias a sus conocimientos, contactos y su fuerte carácter, consigue reunir a varios trabajadores extranjeros con papeles, dispuestos a trabajar por horas o días, y colocarles en varias empresas de la construcción o manufactureras, a cambio de una comisión.
Mientras su negocio se va consolidando, Angie se tiene que enfrentar a diferentes conflictos éticos, como el trato con empresarios que le proponen chanchullos fuera de la ley, o no cumplen con lo pactado, dejando de pagarle, exponiéndola a las iras de los propios trabajadores, que a su vez no cobran. Si aceptar trabajadores ilegales. La delgada línea que separa ayudar a los inmigrantes con explotarlos. Y cae en todas las tentaciones.
Es el mercado de la precariedad laboral, en el que se ha perdido la seguridad en el trabajo, hecho que ha cambiado la vida de las personas, hasta el punto que la gente (consumidores felices y despreocupados) afirma que la economía no podría sobrevivir sin esta fuerza de trabajo precario.
(En un mundo libre- Ken Loach 2007)
La sola idea de negocio, como obtención de beneficio, más allá de la retribución del trabajo, que supone el valor añadido, encierra una amenaza a la seguridad en el trabajo, pero una amenaza seria.
Si a ello añadimos el comprometer gastos ciertos, frente a ingresos inciertos, cuando no amenazados, y centrarse en ganar dinero, en vez de optimizar el intercambio de bienes y servicios, las asimetrías que dan lugar al desempleo se multiplican, impidiendo que esos mismos parados, pudieran seguir su vida cotidiana, simplemente utilizando el trueque entre lo que pueden hacer y tener.
Las personas que pueden caracterizarse como Angie, que solo ve desde los ojos de la ilegalidad y la corrupción, a menudo se mezclan con la delincuencia y los comportamientos violentos, fruto de esos modos de vida que entienden como normal que haya desordenes de la personalidad, agresividad, luchas, deseos ilimitados y las consiguientes confrontaciones, al considerar como propio algo, que varias personas con argumentos contrapuestos, también se atribuyen en exclusiva.
Y lo más sorprendente es que esos parados están cualificados, en el caso de los jóvenes, se dice a menudo que son la generación mejor preparada de la historia. Lo que viene a demostrar que el problema no es no saber hacer, es pretender sin medida, y no ser capaces de ajustarse a las normas necesarias que articulen la convivencia pacífica de todos los ciudadanos. Y en algún caso se ha tenido que reconocer, que estamos mejor con menos orgullo, soberbia y clasismo, como demuestran todas esas personas cualificadas en disciplinas médicas, constructoras, meritorias todas ellas, que prefieren irse al campo a disfrutar de la tranquilidad, donde no faltan los placeres básicos, lejos de las iniciativas nada edificantes.
Tal vez no necesitemos personas con ideas competitivas, con trabajos productivos, con ansias combativas, sino personas que investigan serenamente, y que cumplen con unas tareas necesarias, a ser posible no siempre la misma, para que no se generen estigmatizaciones.
Y es que es sorprendente ver como hay conciudadanos que reclaman seguir realizando trabajos penosos, tóxicos y peligrosos, como los mineros. Lo cual desmiente ese bulo de que hay trabajos que los parados no quieren realizar.
Y es que al decir un mundo libre, tal vez algunos piensen ideas que lo llevarán a dejar de serlo, como le sucedía a Angie. Y si llega a infectar a un número significativo de promotores de desorganizaciones muy bien organizadas, tendremos que empezar a contar con filántropos, en vez de con oportunistas.
Unos pescadores se afanaron en incrementar sus capturas. Contentaron al armador. Consiguieron incrementar sus sueldos. Llegaron a preferir un porcentaje en la venta de la pesca. Hasta que empezaron a agotarse los bancos de peces. Pero no querían rebajar sus emolumentos, sus ganancias.
Hasta que ya no quedaron peces que pescar, y no acabaron con las piscifactorías, porque le disuadieron de ello. Ellos no sabían de regeneración de especies. Solo sabían pescar, pescar muy bien, hasta limpiar los océanos. Competitivos. Productivos. Eficaces. Insolidarios. Hasta llegaron a pescar en ríos revueltos,…hasta que los agotaron. Así fue. Parece mentira, pero no.
