Hace hoy exactamente diez años que llegara a Alcañiz cargada de maletas e incertidumbres. Había dejado mi país, Argentina, con la certeza de que había un lugar en el mundo donde vivir, y de paso, ser feliz. La familia Gorriz- Ramón me hospedó en su hogar (¡Gracias, Amparo y Miguel!) y me orientó en los menesteres necesarios para fijar mi residencia en este lugar.
Luego fué la cordialidad de la gente, la amabilidad del pueblo, la oportunidad laboral, la posibilidad de adquirir una vivienda, el espacio, en definitiva, en una sociedad donde nunca me he sentido extrangera.
En 2004, siendo delegada sindical de la Comarca del Bajo Aragón, conocí en la Mesa de Negociaciones del Convenio Laboral, a una persona, miembro del equipo de Gobierno, con una admirable capacidad de comuniación y cercanía con los trabajadores: Amor Pascual. Dinámica eficiente, solidaria, cercana con todos, poseedora de unos principios y valores orientados hacia la justicia, la igualdad y la dignidad del ser humano. Conectaba con nuestras necesidades, atendía nuestras demandas, y con un discurso impecable, defendía nuestros derechos.
Pasó el tiempo, y mi integración en el pueblo fue siendo cada vez más plena y satisfactoria. Una tarde, paseando por la Avenida Aragón, vi pasar unos jóvenes en bicicleta, en una particularísima campaña electoral, y con un slogan que resonaría y hallaría eco en el corazón de miles de alcañizanos, y en el mio propio: AMOR POR ALCAÑIZ.
Ahora, diez años después, y habiendo salido tantas veces el sol sobre justos e injustos, estoy en condiciones de afirmar, desde mi humilde opinión, que esa frase que esgrimían los candidatos de Izquierda Unida como grito de guerra, o como canto de esperanza, se ha cuajado en una labor infatigable a favor del engrandecimiento de la ciudad.
Hoy, casi finalizada esta legislatura, me sigo identificando plenamente con ese “ Amor por Alcañiz”, mi pueblo, mi lugar en el mundo.
