
1972, sin duda una de las mejores cosechas (11ª parte) Y qué voy a contar de aquellas modas, que las hemos visto ir y venir varias veces. Con 40 años ¿tanto nos va a costar escuchar música o vestir moda realmente innovadora? Por un lado te gusta volver a escuchar los éxitos de las primeras canciones dance, o vestir otra vez pantalones pitillo, como su fuéramos adolescentes, pero por otro dices, joer ni que hubieran pasado 100 años. Que nuestros padres o abuelos vean cosas repetidas, lo puedo llegar a entender, de ahí lo de “retro”, pero nosotros, me niego. Da la impresión que en los 80 se quemo casi toda la traca y ahora sólo queda algún petardo suelto.
Os voy a intentar dar unas pinceladas de lo que fue la moda de los 80, para que apreciéis la cantidad de ideas que fueron llegando y que repercutieron directamente en nuestro estilismo definitivo.
Repasando fotos, me he visto bien repeinado, con ese aspecto de niño educado que siempre te daba tu madre al trazar una rayita a un lado de la cabeza, ayudada por agua mezclada con colonia.
Luego vino la época en que no queríamos que nos peinara nadie, ya éramos mayores, y aunque lo intentábamos solos, el resultado no pudo ser más alternativo “peinado a lo afro” en algún caso particular como el mío y “rosa de los vientos” el resto, aromatizados con la “Atkinson” o “Brumel” secuestrada a nuestros padres. El cabello de los chicos tuvo cambios importantes, algunos más agraciados que otros. Hubo una época que se puso de moda dejarse una coletilla de pelo por detrás, otra horrible en que la te rapabas hasta la mitad de los laterales y la nuca, y largo arriba (tipo caceroleta) y otra con el pelo corto engominado totalmente de punta. Poco a poco, cada uno fue encontrando su estilo, aunque algunos nos quedamos en el intento, porque con según que cabellera era mejor dejarse de inventos. De las chicas, sólo me acuerdo de la típica coleta trenzada, de esos peinados voluptuosos imitando a las artistas de las series norteamericanas como “Dallas” o “V”, y la que montó Ana Torroja al salir con el pelo corto a cantar “Hoy no me puedo levantar…” menuda escabechina, ¿os imagináis lo que paso, verdad? A mediados de los 80, teníamos ya a los amigos heavies con sus largas melenas, los punkis con su cresta, los rockabillies con el tupe, chicas con el pelo a lo chico y a los pijos con su gomina, una forma divertida de dar colorido a la despedida de la EGB.
En cuanto a ropa, pues imaginaros. Lo primero que me viene a la cabeza son los pantalones de pana tipo campana y jersey monocolor con cuello de cisne. Como éramos unos destrozas y nos encantaba tirarnos por los suelos, raro era ver un pantalón sin rodilleras, o un jersey o abrigo sin coderas, la economía no estaba para comprar por un roto y ahí estaban nuestras sufridoras madres para apañarlos. Quién les iba a decir que 30 años atrás, se venderían los jerséis con las coderas incluidas en Máximo Dutti como lo último, por más de 5000 pts. En esta década vimos como las marcas empezaron a comernos la cabeza y lo que es peor, nosotros la de nuestros padres con aquello de “yo quiero este porque fulanito lo tiene”. Así empezó la leyenda de los vaqueros “Marlboro” desteñidos, los pantalones a cuadros (tipo escocés) o los “Levis 501” con bragueta de botones. Luego ya entraron las modas del dobladillo sí o no, alto o bajo, pero esto sí que se sigue repitiendo en ciclos muy cortos de tiempo. Las zapatillas dieron mucho juego, fijaros, aparecieron las zapatillas “Paredes” con la novedad del cierre de velcro, las “Yumas” con sus tres rayitas naranjas y una suela inconfundible, las botas tobilleras “J´haiber” y las “Kelme” con esa K delatadora, aún guardo las de baloncesto de recuerdo. Las cazadoras, vaqueras, las de piel o imitación con el cuello de borreguillo (tipo aviador), las que llevaban hombreras (gracias Locomía), las de diferentes colores, cuanto más llamativos mejor. Y las chicas, con esas horribles faldas escocesas por encima de los tobillos, o aquellos calentadores de lana, que te agobiaban sólo de ver lo gordos que eran (gracias Eva Nasarre).
Y la ropa interior… no, no era lencería fina pero al menos los chicos teníamos una ranura en la parte delantera, que facilitaba las tareas de evacuación. No entiendo como algo tan sencillo es difícil de encontrar en los boxes o slips actuales. Al principio cuando llegamos al Emilio Díaz, a la hora de la gimnasia en el vestuario, todo eran calzoncillos blancos, azules y amarillos, como el de nuestro padre, pero en pequeñito. Poco a poco fue entrando el color, primero en forma de rayas, sobre el blanco y luego ya, pues todo tipo de dibujos. Los padres, me imagino porqué siguen con los “Abanderado”.
En definitiva, vivimos una década, en la que empezamos a ser bombardeados constantemente por diferentes tendencias, promovidas por las grandes marcas y las productoras de series televisivas, ambas íntimamente relacionadas por algo muy codiciado como es “la pasta”. Nosotros como fiel rebaño, íbamos comprando lo que nos marcaban, hasta llegar al punto que entre lo moderno y lo hortera, quedaba un espacio muy reducido. ¿Creéis que he exagerado? Sabéis que siguen existiendo aquellas maravillosas zapatillas Paredes (españolas por cierto) con velcro, por 26 euros, ya, mola más tener unas Nike de 60 euros (made in China), es lo que hay. SEGUIRÁ…
