Opiniones

Jaime Gracia

1972, sin duda una de las mejores cosechas (Séptima parte) Quién nos iba a decir a los niños de los 70, que algún día veríamos los telediarios con la misma atención que prestaban nuestros padres, mientras nosotros pensábamos que eso era infumable y nunca nos sentiríamos atraídos por ellos; sólo teníamos ganas de que terminara para ver nuestras series favoritas.

Los sábados y domingos después del parte (como aún lo llama mi padre), era nuestro momento, empezaban los dibujos. Vamos jugar a la adivinanzas: Se rascaba la nariz, aparecían un montón de estrellas y tenía una gran idea, eso es, “Vickie el vikingo”; un robot gigante que gritaba “puños fuera” , recuerdo gratamente el capítulo en que vuela por primera vez y destruye al monstruo de las tres cabezas, “Mazinguer Z”; Un pequeño que viaja desde Italia hasta Argentina con el mono Amelio, buscando como decía la canción, a su pobre mama “Marco”;  Niebla, Clara, la señorita Rotenmeyer (que mal nos caía), el abuelo, Pedro y las montañas “Heidi”; Un saltamontes llamado Flip, la araña Doña Tecla, un zángano y un país multicolor “La abeja Maya”. Una canción que decía “son cinco jóvenes de gran valor” no, no es Comando G, la serie se llamaba “La batalla de los Planetas”, os he pillado; Un pobre perro arrastrando un carro lleno de cacharros y maltratado por su amo hasta que se encuentra con el joven lechero Nicolás (que serie más triste), “El perro de Flandes”; Una ardilla criada por un gato en una granja, se las tiene que apañar en el bosque hasta que encuentra otra ardilla, si señor, “Banner y Flappy”; Y si os habló de los juegos olímpicos de Moscú, todos recordaréis “El osito Misha”; Una de voces famosas, Fernando Fernan Gomez y Antonio Ferrandis, “Don Quijote de la Mancha” claro que sí; y para terminar un pequeño héroe nacido en un pueblo de Castilla llamado Vivar, siiii, “Ruy, el pequeño Cid”.

Fue una época muy creativa para los guionistas de series infantiles, muchas de ellas aún se siguen reponiendo hoy en día por su gran calidad educativa, especialmente aquella  que empezaba: “Erase una vez, un planeta triste y oscuro y la luz…” y fue especialmente dulce para Danone, que con sus cromos en los pack de 4 y 8 yogures consiguieron el cum laude en marketing.

De todas las series que recuerdo de los años 70 me quedo, con el tímido e inocente pollito negro y su cascarón, “Calimero”, que exclamaba ¡es que los mayores no me entienden! por ser quizás los primeros dibujos que tengo consciencia de ellos. Con un niño, que no sé si era porque le gustaba la libertad, la calle, la independencia, la naturaleza, a la vez que era honrado y noble o porque iba todo el día descalzo y yo odiaba los zapatos, con aquella vocecilla que ponía cuando decía “tia Polly, tía Polly”  eran “Las aventuras de Tom Sawyer”, que mal lo pasé con Joe El Indio, menudas pesadillas entre éste y el Doctor Infierno de Mazinguer Z. Otra serie que me marco mucho fue “El bosque de Tallac”, ya que la muerte tan cruel de la madre osa de Yackie y Nuca, me hizo comprender  con cinco años muchas cosas importantes de la vida, aunque por supuesto sólo eran dibujos.


Si que un año antes había fallecido, desgraciadamente de verdad, un hombre muy querido por todos los niños, que todas las tardes nos preguntaba cómo estábamos. Llevaba un bombín, una narizota, una bata roja y unos zapatones negros. Junto a Gabi y Miliki, aprendimos canciones universales como “la gallina turuleta”, “el auto de papa” o la linda “feliz en tu día”. Se nos fue Fofó, luego llegaron su hijo Fofito, y Milikito, pero no era lo mismo. Lo que son las cosas, Milikito empezó de mudo con un cencerro y ha acabado de dueño de la sexta.

No todas las series infantiles fueron de dibujos animados, en los 70 destacaron “Los cinco” que eran cuatro chicos y un perro, más conocidos por sus aventuras en los libros. “Con ocho basta” con ese pedazo coche de los Bradford. “Pipi Calzaslargas”, con el mono Señor Nilson, el caballo Pequeño Tio y sus amigos Tommy y Annika. Y “Orzowei”, os acordáis de la canción: “corre muchacho ya no te detengas ya…”

Todas estas series, sin quererlo, empezaron a moldear nuestra personalidad actual, nos transmitieron valores fundamentales y por eso les guardamos un cariño especial y nos gustaría que nuestros hijos volvieran a verlas, pero…no es lo mismo. Bob es mucho Bob. SEGUIRÁ…

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