Opiniones

Jaime Gracia. Presentación

Seguro que muchos amigos o conocidos, saben que me dedico a algo relacionado con las piedras, pero no me acaban de ubicar. Soy geólogo por vocación, siempre me ha  gustado la naturaleza y he buscado respuesta al sentido de las cosas que observaba. Lo que no me podía imaginar es que gran parte de mi carrera profesional se fuera a desarrollar en el complicado mundo de la obra civil, entre grandes presas, largos túneles o espectaculares viaductos, ya que la geología pura comprende profesiones tan dispares como la de paleontólogo, gemólogo, o vulcanólogo.
Contaré mis inicios profesionales ya que pienso que puede servir de estímulo a muchos jóvenes que ahora se encuentren con un título y ninguna salida laboral. Los finales de los 90 fueron años muy complicados para los universitarios, se escuchaba en Zaragoza aquello de “hasta abogados están de basureros en el ayuntamiento”. Tocó espabilar,  hacer uso al ciento por ciento de esa cabezonería tan nuestra y pensar que el que la sigue la consigue. Realicé infinidad de cursos y después de muchas prácticas mal pagadas y algún que otro contrato basura, llegó mi primer contrato profesional.  Lo conseguí en Zaragoza en el AVE en el año 99 con NECSO, como Vigilante de Calidad ¿Enchufado? No creo, entraba a las 8 de la tarde a trabajar y salía a las 8 de la mañana, 12 horitas en pleno invierno con las nieblas nocturnas de Zaragoza y los dumpers de 120 toneladas rozándome el cogote. El sueldo, espectacular, noventa y ocho mil pesetas, pasaba de cien mil si trabajaba los sábados por la mañana. Un conductor de esos dumpers ganaba en torno a las trescientas mil pesetas. Pero había que aguantar como fuera, trabajaba en casa, en una megaobra y aprendía un montón cada día que pasaba.
Fue mi primer contacto con una obra de las de verdad, era espectacular observar como una montaña de miles de metros cúbicos de tierra desaparecía en dos días, comida literalmente por las retroexcavadoras. Me di cuenta enseguida, que lejos de dinosaurios y petróleos, aquello me atraía. Decidí apostar fuerte por ese mundo, así que con mis primeros ahorros, por la tarde cuando me levantaba, iba a estudiar un máster de Ingeniería Civil.
A partir de aquí, estuve en casi todos los ajos buscando soluciones, desde los famosos “agujeros” del AVE, pasando por el túnel inestable de Montblanc, el hormigón del puente del Milenio, los nuevos asfaltos del Ministerio de Fomento de la Autovía Mudejar, los taludes que se deshacen de Monrepos, hasta la presa mal cimentada de Santolea.
Una de las mayores satisfacciones de la vida, es sin duda disfrutar de tu trabajo. Así que aunque los comienzos sean duros: ¡Ánimo chavales, que el que la sigue la consigue!

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