
Guarros Estos días he visto imágenes de un hospital de Alicante en el que los trabajadores de la limpieza están en huelga.
En las declaraciones que hacían los visitantes de los pacientes había uniformidad, daba vergüenza la situación, todo estaba muy sucio.
La imágenes eran delatoras. Basura por todas partes. Basura que han ido llevando los que visitan a los enfermos, que han tenido tan poca delicadeza que en vez de meterse el papel en el bolsillo y tirarlo en una papelera en la calle, lo han tirado en el pasillo. En vez de limpiar el cuarto de su familiar o amigo enfermo, lo han ensuciado. Han acudido con un vaso de plástico y se lo han dejado en la habitación, se han comido un helado al ir a ver al enfermo y le han dejado el palo en el suelo.
¡Qué vergüenza! Estamos navegando en el barco de las protestas. Los culpables siempre son otros. Las soluciones son siempre de los demás, los responsables son los de arriba porque no ponen soluciones.
Y si la solución pasara por visitar al enfermo, no llevar ninguna comida, ni nada que pudiera ensuciar, no tirar nada al suelo y si hay algo sucio, como cariño al enfermo, recogerlo. Podría ser, pero eso parece pertenecer al reino de la Utopía. ¿De qué íbamos a protestar?
