Opiniones

José Antonio Calvo

Las Cortes de Cádiz El 24 de septiembre de 1810 también cayó en lunes. Los problemas cotidianos que hoy llevamos en la cabeza, como la reciente vuelta “al cole”de nuestros hijos, la orientación de nuestra actividad profesional hacia la temporada otoñal, los que tenemos la suerte de trabajar, claro; la honda preocupación por el empleo de los que no lo tienen; la incertidumbre que nos crea la política...

Todos esos problemas parecerían nimiedades a nuestros antepasados que, en aquella fecha, llevaban ya dos años partiéndose la cara  contra el invasor francés.

Desde el levantamiento de Madrid, nuestros tatarabuelos habían repartido estopa a base de bien, casi siempre en forma de partidas guerrilleras que, a navaja y trabucazo, golpeaban con fiereza las columnas de la todopoderosa Grande Armée, el equivalente al ejército de los USA de aquellos tiempos, para luego desaparecer por los pinares. La defensa civil urbana corría, en no pocas ocasiones, a cargo de nuestras tatarabuelas, que se las pintaban solas rompiendo cráneos con cazuelas, o clavando agujas de hacer punto en la barriga del soldado que las estaba violando. Poco a poco, la resistencia española se había ido organizando en Juntas Locales de Defensa, al principio descoordinadas y actuando a su aire, hasta que, tras la derrota francesa de Bailén, acertaron a crear una Junta Central Suprema. Ésta asumió labores de coordinación militar y llenó el vacío político que la guerra había dejado, comprometiéndose, como primera medida, a preparar la convocatoria de una Cortes Generales Constituyentes, rompiendo con la ley por la cual sólo podía convocarlas el Rey. Así, tal día como hoy, hace 202 años, se reunieron las primera Cortes Extraordinarias en la Isla de León, actual San Fernando (Cádiz), sitiada por los franceses. Allí se promulgaron normas de convi-vencia nuevas y maravillosas, como los Decretos de Soberanía Nacional, soberanía que, desde entonces y para siempre, recaería en la Nación y no en el Rey. Allí se escribió una de las definiciones de España más hermosa y sencilla que conozco: “La Nación Española es la reunión de los españoles de ambos hemisferios”. Sin más. Allí se redactaron los primeros Decretos de Igualdad, los de Libertad de Imprenta y los de División de Poderes.

Los debates se desarrollaron en pleno asedio de Cádiz, una ciudad bombardeada de día y de noche, abarrotada con refugiados de toda España y bajo una horrorosa epidemia de fiebre amarilla. El heroísmo de los defensores que protegían la ciudad y las reuniones de las Cortes se estudia en las Academias Militares de todo el mundo. Todo ello sentaría las bases de un Estado Español Democrático y de Derecho,  que acababa de una vez con el Antiguo Régimen y que desembocaría en la Constitución de Cádiz de 1812, llamada “la Pepa”, por haberse promulgado el día de San José. Estos decretos sirvieron como modelo de la mayoría de  Constituciones europeas posteriores.

Qué gusto me da dar a conocer estas historias y qué pena siento cuando pienso que los españoles parece que sólo sabemos unir nuestras manos cuando desde fuera se nos machaca. En cuanto nos sacudimos de encima a invasores romanos, moros o franceses, parece que nos entra el aburrimiento y nos entretiene meter el dedo en el ojo del vecino. “Asín semos” de burros, una lástima.

Por cierto: El primer presidente de aquellas Cortes Españolas, elegido el día que hoy recordamos, fue  Don Ramón Lázaro de Dou y de Bassols, catalán como podrán suponer por sus apellidos.

También fueron presidentes otros catalanes, como  Noguera Climent y Creus Martí; mallorquines como Nadal Crespí; vascos como Larrazábal,  Jáuregui y Zumalacárregui; incluso diputados de las colonias, como el mexicano Guiridi y Alcocer... Así que no me vengan con lo de la España opresora y lo de Cataluña y Vascongadas históricamente oprimidas e ignoradas. Se lo pueden contar a los del “asín semos”, que igual se lo creen.

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