
El embargo No puedo imaginar la cara del comandante de la fragata argentina Libertad, buque escuela de la Armada Argentina, símbolo y orgullo patrio, cuando el pasado dos de octubre un grupo de policías y funcionarios del Tribunal de Comercio de Ghana, esa joven democracia del oeste de África, le informaron que el buque quedaba retenido en puerto por la demanda de embargo interpuesta por el grupo financiero NML Capital Limited, “fondo buitre” con sede en las islas Caimán, que reclama al
Estado Argentino unos 300 millones de dólares.
No me gustan los embargos, y no digo que no los haya justos, pero de crío en la escuela, cuando Don Juan (entonces se leía poesía en clase y se trataba a los profesores de usted), con aquella voz tan grave y aquella seriedad que destilaba, nos leyó el sobrecogedor poema de Gabriel y Galán “El Embargo”, quedé tan impresionado que desde entonces lo asocio al hambre, la miseria y la desgracia.
“Señol jues, pasi usté más alanti
y que entrin tos esos...
¡Embargal, embargal los avíos,
que aquí no hay dinero:
lo he gastao en comías pa ella
y en boticas que no le sirvieron...”
A lo largo de los años, he visto embargar a quien ha caído en desgracia. Cómo duele. A infortunados que invirtieron mal asesorados por algún profesional inepto o sinvergüenza. De éstos a varios. A cabezahuecas que gastaron sin talento todo lo que ganaron, y no fue poco, viviendo su éxito como la cigarra del cuento. Pero lo que nunca hubiera podido imaginar, es ver embargar lo público, lo mío, lo de todos, casi siempre por la mala gestión de algún político que, y reciclo los calificativos de antes, inepto, sinvergüenza, cabezahueca, sin talento o viviendo como la cigarra del cuento, ha conseguido arruinar la institución que gobernaba.
Lo de Argentina, tiene bemoles.Desde que los Kirchner asumieron el poder en 2003, y mientras la pareja aumentaba su patrimonio personal un 710%, a los pobres argentinos, a todos, les embargaron las doce mansiones donde vivían los diplomáticos de la Embajada Argentina en los Estados Unidos, la casa del Libertador José de San Martín en Francia y el satélite de investigación marina Acqarius. Sin olvidar que solían fletar aviones privados para los viajes oficiales por temor a que el avión presidencial “Tango 01”, su Air Force One, fuese embargado nada más aterrizar en suelo extranjero.
Pero como no se debe mirar la paja en el ojo ajeno sin ver la viga que uno tiene en el suyo propio, no olvidemos que a un pueblo de Almería se le embargó ¡la plaza! y el alcalde, Spain is different, en vez de esconderse en una cueva para no ser visto, aún salió por la tele y dijo “nos viene bien, así se ocuparán ellos de los gastos de luz y mantenimiento”.
Qué tranquilos y hasta jocosos están nuestros políticos, por lo visto, atrincherados tras el principio de “inenbargabilidad de los bienes públicos”, un blindaje-chollo en el que se amparan no pocos que, felizmente, fue debilitado hace unos años por sendas sentencias del Tribunal Constitucional.
En no pocos municipios de toda España se ha empezado a producir una “desamortización” en toda regla, poniéndose a la venta “la casa del médico”, “la casa del maestro” y muchos otros inmuebles municipales para poder hacer frente a los pagos de deudas. Qué pena.
¿Alguna vez el embargo llegará a los malos gestores ya los caraduras públicos?
¡Embargal, embargal los avíos,
que aquí no hay dinero:
lo he gastao en comilonas y juergas
y en edificios que de nada sirvieron...”
