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José Antonio Calvo. Pacto de Teodomiro

Tal día como hoy, el 5 de abril del año 713 se firmó el primer pacto de sometimiento de la historia de Al-Ándalus, entre Abd-Al-Aziz, hijo del príncipe Musa (aquí llamado “el moro Muza”) y el conde cristiano visigodo Teodomiro, gobernador de la provincia de Auraliola, que abarcaba siete grandes ciudades: Uryula [Orihuela],  Baltana, Lakant [Alicante], Mula, Villena, Lawraka [Lorca] y Ello.
Éstos pactos no eran si no tratados de rendición preventiva, hechos bajo la perspectiva de la dhimmah (obligación), un concepto del Derecho Islámico según el cual los cristianos y judíos conquistados tenían, en el nombre de Alá, el derecho de vivir bajo la «protección» del sultán. Típicamente, la "gente de la dhimmah" debía pagar una serie de impuestos. A cambio, no se les reclutaba a la fuerza en el ejército moro, tenía derecho a practicar su fe (con severas limitaciones) y a tener sus propios jueces en cuestiones civiles, tales como matrimonios, divorcios, sucesiones, etc.
En la práctica, éstos tratados eran bastante poco fiables y existiendo continuos abusos por parte de la autoridad dominante, ya se sabe, homo homini lupus, el hombre es un lobo para el hombre, y a veces hasta peor.
El tratado resumido venía a decir: "En el Nombre de Alá, el Clemente, el Misericordioso….Tudmir (Teodomiro) recibe la promesa de que sus súbditos no serán muertos, ni hechos prisioneros, ni separados de sus esposas e hijos; no se impedirá la circulación de sus mensajeros; no se les impedirá la práctica de su religión, y  sus iglesias no serán quemadas ni desposeídas de los objetos de culto. Todo ello mientras satisfaga las obligaciones que les imponemos. Además, no deben dar asilo a nadie que huya de nosotros o sea nuestro enemigo; ni ocultar ninguna información sobre nuestros enemigos. Él y sus súbditos pagarán un tributo anual: el hombre libre pagará un dinar, cuatro almudes de trigo, cuatro de cebada, cuatro medidas de vinagre, una medida de miel y otra de aceite; y el sirviente, la mitad de esto.”
¿Someterse o luchar? Siempre hay quien lo tiene claro: “prefiero morir de pie a vivir de rodillas”, tremenda y valiente frase atribuida por algunos al presidente mexicano Juárez. ¿Quién se atreve a discutirla? ¡Uf! No quisiera estar en la piel de los no pocos gobernantes que a lo largo de la historia han tenido, tienen y tendrán que elegir entre llevar a sus gentes a una masacre segura a cambio de la gloria o preservar sus vidas a cambio de la humillación.

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