Opiniones

José Lop

El agua milagrosa, o "das Wunderwasser von Frankfurt"

En el aeropuerto de Frankfurt, esperando la hora del embarque , saque un botellin de agua mineral de un expendedor, para reponer el que me habían requisado en el control de seguridad, no tenia ningún precio a la vista, y empecé a echar monedas. El insaciable aparato empezó a demandar monedas y más monedas, echa más, te falta tanto, al final el precio quedo entre el de una botella de un ron o coñac añejo, y el de un frasquito de perfume francés. Yo quede convencido de que el contenido no podía ser  una vulgar agua de manantial, sino que tenia que ser algo mágico, con unas propiedades milagrosas, que le harían sombra al de Lourdes, no me atreví a bebérmelo, y lo guarde para investigar el contenido.

Una vez en casa, al estudiar la etiqueta no decía nada, lo habitual: sodio, magnesio, etc. pero yo no me conforme y empecé a investigar. En primer lugar el resto de moneditas de poco valor que desprecio el voraz expendedor, las metí en un vasito, y las cubrí cuidadosamente con el preciado líquido, espero que quizás me las convierta en doblones, estoy ilusionado.

Las plantas de mi vivienda que habían sufrido un poco con mi ausencia, con un pulverizador las humedecí completamente, espero no solamente que les devuelva la lozanía habitual, sino que les otorgue poderes inauditos, medicinales por ejemplo, o alucinógenos, que al tomarlas de la forma adecuada, hagan discretos a los necios, cosa que este país agradecería, pues de estos últimos no cabe ni uno mas, o que haga de los políticos, honrados servidores de los ciudadanos, aunque sinceramente yo creo que esto ultimo, ni el poder de todos los dioses del Olimpo bastaría; o quizás les otorgue un gran poder afrodisíaco, ahí iba yo a hacer amigos.

Por ultimo estoy investigando también, si el preciado líquido tiene directamente propiedades terapéuticas; me he frotado con un algodón humedecido todas las articulaciones, por el reuma, la artritis, el lumbago, etc. también estoy tomando pequeños sorbitos para reparar todos los males del mondongo. También me doy cuidadosamente friegas en otras partes que han perdido la vitalidad habitual, como dicen los físicos o ingenieros, por cansancio del material, a ver si les devuelve el vigor, poder rendir otra vez con las prestaciones a las que estaba acostumbrado, y la capacidad habitual no siga avanzando a grandes pasos, por el camino de la decadencia.

Estoy hecho un manojo de nervios esperando resultados.

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