
Eufemismos
El otro día fue capturado el ladrón del Códice Calixtino junto con su mujer e hijo, y en pocas horas fueron metidos en prisión. Un bravo por la justicia, oye.
Lo que me sorprende sobremanera, es que esa misma justicia no actúe con idéntica diligencia cuando los autores de los delitos no son simples electricistas sino políticos, banqueros, empresarios, u otros especímenes de similar “alcurnia”. Será quizá la forma en la que se define la acción. El electricista “robó” el Códice, lo cual debe ser perseguido y castigado de inmediato. Pero según parece esos otros especímenes no roban, sino que sus “travesuras” reciben nombres eufemísticos como apropiación indebida, trafico de influencias, malversación de fondos, financiación ilegal, cohecho, pago de comisiones, evasión de impuestos, fuga de capitales, delito fiscal, fraude contra la hacienda pública, cuentas opacas…
Pero estas situaciones rara vez hacen terminar con los huesos de estos canallas en prisión; más bien al contrario, reciben el aplauso y apoyo incondicional de los suyos, y el beneplácito de los que meten a electricistas ladrones en la cárcel. Es más, muchos de esos bandidos, no solamente no pasan a ser vecinos del malvado electricista, sino que por el contrario obtienen una graciosa “amnistía fiscal” que les absuelve de todos sus males.
Pero da igual todo lo que suceda en nuestro país, el pueblo sigue anestesiado, parece que ha caído en un coma profundo del que tan solo se despierta en breves momentos “gloriosos” para gritar con el pecho henchido “Yo soooy, españoool, españoool, español,…”
