
Subhumanos
Cuando Darwin lanzó sus teorías, sus detractores salieron al paso pidiendo que se mostraran restos fósiles que probaran que había seres que estuvieran a mitad de camino entre los animales y los seres humanos. Fue entonces cuando se acuñó la expresión “el eslabón perdido”. Unos cuantos lustros después, Konrad Lorenz estuvo sembrado cuando ironizó con la frase y la redondeó diciendo que ya había encontrado el eslabón perdido entre los animales y los seres humanos civilizados: somos nosotros. La expresión, a pesar de que la ciencia ha demostrado que no existe tal eslabón perdido sino que hay diferentes líneas evolutivas, ha perdurado hasta nuestros días, y tal es así que me permito usarla yo también, y con la misma mirada del amigo Konrad.
Y es que conozco a unos tipos que sin duda son un claro ejemplo de eslabón perdido. Vivían hasta hace poco en una casa de campo, un lugar un poco gastado por el tiempo pero que con un mínimo de cuidado y cariño podía ofrecer unas condiciones más que dignas para vivir. Pero mi primera sorpresa al ver el lugar fue cuando observé que se habían llevado la mayoría de las tejas, supongo que para venderlas y sacarse cuatro perras. Quitar las tejas de tu propio techo es algo que cuesta atender. Pero lo que ya me dejó paralizado fue contemplar el pozo del agua, el único modo de abastecerse de agua corriente en la casa, el cual lo habían convertido en un auténtico vertedero; chancletas, zapatos, cojines, botellas de todos los tipos, escobones, trapos... vamos, un cúmulo de inmundicias que hacían imposible ver el agua, y menos imaginar usarla. ¿Qué tipo de seres son capaces de llenar de mierda la fuente de su propia agua?
Tienen tres hijos, niños que están siendo educados en un ambiente donde el sentido común no existe y los más elementales valores humanos brillan por su ausencia. Ejemplos como estos hay innumerables, y es que el mundo está plagado de seres subhumanos que se reproducen sin que nadie se lo impida, y con una fecundidad que acojona. Es insultante la cantidad de trabas que se ponen a las personas que desean adoptar a un niño haciendo desistir finalmente a la mayoría, y el comprobar como cualquier descerebrado puede traer hijos al mundo sin el más mínimo problema. La única esperanza para esas criaturas está en que o bien tengan algunas neuronas superdotadas que vayan por libre y sepan eludir la nociva influencia de sus padres, o en una opción más sencilla: la escuela.
Y la escuela, como última tabla de salvación para estas criaturas, y por extensión para todos los que nos tocará convivir con ellas a medida que vayan creciendo hasta incorporarse a la sociedad, en estos días está tocada de muerte. Sólo la escuela pública ofrece una salida para los niños con problemas; ahí están los equipos de orientación, las aulas de pedagogía terapéutica, las unidades de intervención educativa especial, los programas de cualificación profesional, los grupos de apoyo, etc. La escuela privada no está “pensada” para esto, no se preocupa de atender este tipo de problemas. Y con la actual política de constantes recortes en educación y de una mirada meramente economicista de la misma, todos los programas de ayuda se irán perdiendo y los hijos de los subhumanos se convertirán en nuevos subhumanos que seguirán destruyendo el techo que les da cobijo y empozoñando el agua que les alimenta cada día. Y haciendo de este mundo un lugar cada día más triste.
