Opiniones

José Luis Pueyo

El caminon equivocado

 


Paseando por Canadá como estoy ahora (los tiñosos que se aguanten), me toca mirar muchos mapas para intentar llegar a los sitios más interesantes. Y no sé qué pasa, que o bien estos canadienses no son muy hábiles a la hora de dibujarlos, o quizás soy yo quien a pesar de que me las doy de que me manejo bien con los mapas, igual estoy presumiendo de una habilidad de la que carezco... El caso es que termino perdiéndome muchas veces y apareciendo en lugares a donde no tenía previsto llegar.

Siempre me gusta seguir el camino más recto, el que me permita llegar en el menor tiempo posible recorriendo el menor espacio necesario. Y si lo consigo me siento bien, es como haber ganado una carrera.

Y en una de estas situaciones en las que me vi perdido una vez más, a la vez que cabreado por mi torpeza, miré a mi alrededor y me quedé anonadado por lo que veía. Un paraje de una belleza sobrecogedora que me hizo sentarme y me dejó meditabundo por un buen rato. Y son estas las ocasiones en las que uno se pone eso que llaman trascendente y entra en “modo ñoño”.  Y es en este estado cuando me doy cuenta de que muchas veces nos empeñamos en que las cosas tienen que salir de una manera determinada y si no salen así nos frustramos, cuando en realidad equivocarnos de camino nos puede llevar a situaciones quizá mejores que las que habíamos previsto y organizado concienzudamente.

Así que mi paseo por la Rocosas de Canadá me está enseñando que un poco de relax y sosiego en el día a día es bueno, y que cuando las cosas se empiezan a torcer no hay que alarmarse, ya que quizá nos llevamos una agradable sorpresa.



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