Opiniones

José Luis Pueyo. Complicarnos la vida

Callejeaba este fin de semana por Nueva Orleans dejándome embriagar por su permanente aroma musical (entenderé las envidias que esto pueda provocar), e iba pensando en su sobrenombre, “The Big Easy” -“La gran fácil”-,  y me preguntaba por qué la mayoría de los humanos de las sociedades “desarrolladas” nos empeñamos en hacer nuestra vida tan difícil.

Parece que tenemos grabado a fuego el guión según el cual nuestra felicidad depende directamente de los objetos que adquiramos. Y así, sacamos de nuestra cartera la tarjeta de crédito con la misma destreza y asiduidad que un pistolero su arma en el lejano y antiguo oeste, y todo lo que se pone a tiro de nuestro deseo termina en la cesta de la compra. Podemos incluso, empujados irremediablemente por esa inexplicable necesidad, sentarnos frente a un director de banco y firmar una hipoteca que nos dejará maniatados para prácticamente el resto de nuestra vida. Poderoso deseo, sin duda. Pero… ¿seguro que es “nuestro” deseo?

¿Y qué tal si probamos a vivir con menos? No es nada nuevo, lo sé, y alguno me dirá que si todos hiciéramos eso, el “sistema” se vendría abajo y sobrevendría una terrible crisis económica y… Ah, pero, ¿no es precisamente lo que ha estado a punto de suceder, y eso siguiendo las reglas del sistema al pie de la letra, consumir, consumir, consumir…?

Y al hilo de esos pensamientos, mientras el aterciopelado sonido de un saxo me regalaba los oídos, me preguntaba qué sentido tiene obcecarnos en mantener un sistema que no nos ayuda a ser realmente felices (más bien al contrario) y que además se puede venir abajo en cualquier momento, estando además eso totalmente fuera de nuestro control. Igual estamos haciendo algo mal, no sé.

Oye, que cada cual haga lo que crea conveniente con su vida. Por mi parte, intentaré seguir disfrutando de las pequeñas pero valiosas cosas (no por ello costosas) que uno puede encontrar en su día a día. Como ese grupo de músicos que estoy viendo ahí adentro en el Spoted Cat, parece que no suenan mal... Me tomaré un par de cervecillas y luego la propina a los músicos, y al final no me saldrá muy cara la tarde. Total, como ya les dije a los de la compañía de móvil que me llamaron ayer que no tenía la más mínima intención de renovar el teléfono, por muy tentadora que fuera su oferta, con eso ya tengo para una veintena de conciertos.

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