
Estoy a unos siete mil kilómetros de mi pueblo, de mi gente, de mi país. Y eso tiene su parte negativa por aquello de la añoranza. Pero tanta distancia también aporta algo muy positivo: la crispación me queda muy lejos. Esa crispación que impregna pringosamente el día a día de nuestro país “gracias” a nuestros políticos y a los/sus medios informativos.
Pensar que un político va a desvivirse por su país parece lo lógico así de entrada. Pero creo que ese es un pensamiento más bien romántico y sobre todo ingenuo. Por lo que se ve, no se trata de colaborar para sacar adelante al país, si no de “trabajar” día a día con el único objetivo de destruir al enemigo político. Y en este permanente juego de buenos y malos, la crispación que se vive en el “escenario” político cala directamente en los ciudadanos que asistimos a esta farsa. Mientras, en bambalinas, el político sabe sacar partido a su posición y con inusual consenso entre todos ellos consigue blindarse una boyante situación económica tanto en el presente como en el futuro, pasándose por el forro los “inevitables” recortes sociales que se hayan visto “obligados” a decretar. Y no nos olvidemos del político “hábil”, ese que no satisfecho con todos sus privilegios, sabe cómo dar un buen pelotazo.
Pero cuando pienso en los concejales, esos políticos cercanos a los que se les supone amor y cariño por el pueblo en el que habitan, me resulta incomprensible que adopten los mismos viciados esquemas que sus congéneres nacionales. Lo que ha sucedido en nuestro pueblo con la oposición estos últimos cuatro años, ha sido bochornoso. Alcañizanos (eso dicen ser) que se han comportado como perros rabiosos que, olvidándose de su pueblo, tan solo han intentado aniquilar a ese grupo de entusiastas novatos en esto de la política, que con mejor o peor fortuna, pero al menos con honestidad, han intentado hacer algo positivo por Alcañiz. Y esa carroña política ha contado con el inestimable apoyo del “panfleto” local, que ha sido un permanente ejemplo de insidia periodística. ¿Ya no existe el destierro? Qué lástima. Igual conviene incluirlo en algún programa electoral.
¿Veis? Ya está sucediendo. Sólo por escribir estas líneas la crispación se estaba apoderando de mi. Escalofríos me entran sólo de pensar que tuviera que vivir todo el periodo electoral. Pero tengo suerte, ahora haré “clic” para enviar esto y me iré a tomar una cerveza a un garito de jazz aquí en Nueva Orleans. Y me refugiaré de nuevo en la cómoda ignorancia de lo que cada día pueda maquinar toda esa escoria política. Se trata de poner a salvo la salud mental. Póngame otra cerveza, “please”.
