Opiniones

Lydie Vera

Objetivo: Conquistar la cima  Paseando con mi mascota me crucé con un grupo de adolescentes, chicos y chicas de entre 15 y 17 años. Gritaban y discutían. Una de las chicas lloraba desconsoladamente y pedía que la dejaran sola.
“Lío de amores”, pensé, hasta que me dio tiempo a escuchar que su intención era morir suicidándose.
“¡Uf! ¡Mal rollo!”… Sus amigos la seguían para no dejarla sola y le gritaban que dejase sus manos a la vista, que no las escondiese…con lo que deduje que quería cortarse las venas… Poco a poco me alejé por el camino sin saber cómo concluiría el asunto. Tuve el antojo de intentar hablar con ella, escucharla y disuadirla, pero no me decidí, no quise entrometerme…

Recuerdo mi etapa adolescente como un desierto, donde de repente la nada era el todo… El monstruo llamado SOCIEDAD y sus convencionalismos te exigían ser “adulto” obligándote a avanzar sin saber hacia dónde ni cómo. Pero ¿qué es ser adulto? ¿Cuándo se alcanza esa etapa?

“Ya no eres un/a niño/a” te decían. Frase que crea verdaderos traumas cuando no terminas de entender qué te está pasando… recuerdo que dejé de jugar con mi monopatín por el “qué dirán”.

La famosa “edad del pavo” tiene una explicación científica muy sencilla: <<Nuestro cerebro tiene capacidad para crear, para adaptarse, para funcionar en distintos medios, para programar tácticas y proyectos que permiten que el ser humano se adapte al entorno y capacidad para que el entorno se adapte a nosotros. (…) los adolescentes tienen algunos pequeños problemas de predicción: la parte de su cerebro que tiene que ayudarles a realizar estas tareas aún está inmadura. (…) Si usted ve a un joven que pilota una moto a 200 kilómetros por hora por una vía pública, puede estar casi seguro de que ese muchacho no tiene todas las neuronas prefrontales conectadas y, por lo tanto, le resulta muy difícil o imposible predecir que puede matarse. Lo llamamos “inconsciente”, pero esa “inconsciencia” se basa en un hecho fisiológico: sus neuronas prefontales no están firmemente conectadas y no es capaz de prevenir riesgos y hacer predicciones ajustadas.>> (E. Punset, “El alma está en el cerebro”)

La verdad es que es una auténtica lucha interna la que se libra en el cerebro del adolescente, donde la vida se le presenta como un gran muro interminable el cuál debe escalar… ¡Pero si no tengo ni la más remota idea de escalar! Y sin embargo lo vienes practicando desde el día que naces… curioso, ¿no?
Durante el ascenso vas cogiendo agilidad. A veces deseas tirar la toalla en aquellas etapas que se presentan más duras, pero si te detienes un momento y coges aire, te das cuenta que eres capaz de seguir escalando hasta el final.
Podremos coger aire todas las veces que sea necesario para superar los pequeños retos que se pongan por delante hasta alcanzar cada gran CIMA ¡Caray! Esta reflexión también funciona para los “adultos”, ¿no?

Echemos una mano a nuestros adolescentes y ayudémosles a “escalar”, porque tengo la sensación que a más de uno se le olvida lo mal que se pasa en esa etapa de descubrimientos, en esa transición donde el “adulto” debe abandonar la “niñez” por exigencia de los jueces.

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