Pesadilla antes de navidad Me levanté esta mañana, en realidad valdría cualquier mañana, echando de menos un estado, un sentido, una emoción…
Echando en falta quizá ese espíritu que, con el paso del tiempo, se desvanece al llegar el fin de año… ése que, tras once meses de supervivencia, decide tomarse un mes de descanso. Es entonces cuando ciertas costumbres se tornan sin sentido, se quedan obsoletas e insufribles.
Echo de menos la humildad, convertida hoy en apariencia y fachada para ocultar el verdadero afán de superioridad…
Echo de menos preguntar “¿Qué tal?” y que te respondan “Bien” de verdad…
Echo de menos tener sólo cinco canales de Tv, y que los cinco merezcan la pena…
Echo de menos la inocencia de los niños, aquellos que para quedar a jugar iban a “picarse” al timbre o se llamaban a voces… Ahora todo funciona a través de frío silencio tecnológico.
Echo de menos a mis vecinas barriendo su portal a las 7.30 a.m., despertándome con su “¡Buenos días!”…
Echo de menos no tener que preocuparme porque me dejé la puerta de la calle abierta…
Echo de menos ignorar dónde viven Papá Nöel y los Reyes Magos… Ahora soy uno de ellos…
Echo de menos tener tan sólo cuatro duros, y destinarlos para golosinas…
Echo de menos jugar a ser adulto, ahora es una obligación…
Echo de menos ignorar, porque cuanto más ves, más siente el corazón…
Echo de menos no depender ni del tiempo ni la distancia…
Echo de menos soñar por las noches.
