Darse cuenta: La virtud de pedir
Hace unos días preguntaba a algunas personas cómo se sienten cuando piden. ¿Cómo llevas tú el acto de pedir? Era la pregunta. Las respuestas más frecuentes fueron estas: “Yo si puedo, no pido nada”. “Pedir es molestar, es obligar al otro”. “A mi no me hace falta pedir nada, sin no tengo algo, me aguanto”, “Al pedir te obligas tú también por que ya debes un favor y no me gusta deber nada a nadie”. “No hay que pedir para guardar las apariencias….”
La mayor parte de las personas señalaba lo poco habitual y difícil que es pedir por que aunque necesite prefiero aguantarme a tener que pedir. Muchas mujeres de mediana edad para arriba han basado su vida en el aguantarse por que pedir o concederse algo para si no está bien visto. El egoísmo es malo ha sido el titular erróneo de muchas vidas femeninas. Somos en ocasiones tan ignorantes y retorcidos que sin hacer ninguna petición concreta esperamos que el otro adivine nuestras necesidades y se ponga a ello, algo totalmente improbable a no ser que sea adivino y de los buenos. Ni los grandes observadores, que los hay, pueden conocer nuestros deseos y eso genera una dinámica de frustraciones y mal entendidos a veces irresolubles. ¡Ya ven! Solo por no pedir y expresar concretamente lo que queremos. Ocurre con las parejas, con los hijos, entre jefes y empleados…ocurre todas las horas y en todos los ámbitos de la vida.
Una vez formulada la pregunta y escuchadas las respuestas decía a estas mismas personas lo siguiente:
¿Y cómo te sientes cuando alguien acude a ti a pedirte algo y está en tu mano ayudarle?
Aquí respuestas y caras cambian. “Hombre pues muy bien” “Siempre es agradable que te tengan en cuenta” “A mi me gusta ayudar” “Hay que estar por los demás en todo momento” y también “yo según quien me pide, no me gusta y me veo obligado por que me cuesta decir no.”
En general nos sentimos bien cuando damos. Culturalmente, socialmente y religiosamente se ha insistido en la virtud del dar y al pedir se le ha tildado de vicio. Pero si dar hace sentir tan bien por que no incrementar el dar desde el pedir. Lo sano será poder pedir cuando necesitamos y dar cuando se nos pida. Eso es equilibrio, justo el camino del medio de la tradición budista.
Creo que no pedimos por que no confiamos en los otros, lo que no está muy lejos de la falta de confianza en nosotros. Seguramente tampoco somos capaces de darnos a nosotros mismos. No soportamos un no por respuesta sin saber que lo que el otro decida es un asunto ajeno, no tiene que ver con nosotros en la mayor parte de los casos. No pedimos por puro orgullo (si yo lo tengo todo que infeliz me va a poder dar a mi). Existe un no pedir desde la timidez y por que creo que no merezco tener. Y el no pedir para no deber nada y mantener una supuesta cuenta a cero, eso es más orgullo en este caso la creencia errónea es que estoy por debajo de ti si te debo algo.
Pedir es un acto genuino y auténtico que parte de la inocencia y del corazón. Los niños piden con total confianza lo que necesitan a quien puede dárselo, sin la confusión mental de los adultos. Es un buen síntoma de salud pedir por que significa que estamos seguros de recibir ayuda en todo momento y lugar. Recibir ayuda no significa que hayamos fracasado si no que los demás están ahí para apoyarnos.
Pedir nos hace humildes por que tomamos consciencia del hecho de que solos no podemos con todo y que necesitamos de los demás, por eso vivimos en grupos y no aislados. Pedir es la plataforma de lanzamiento que dispara la bondad de los otros.
Pide concretamente, lo más concretamente que puedas. No es lo mismo decir “Tengo frio” que “déjame un jersey” Es preferible algo dicho con poca delicadeza que algo no dicho.
Se inteligente para saber qué tienes que pedir y quién puede darte.
Acepta que puede ser que no quiera hacerlo. No se hunde el planeta por eso ni tiene nada que ver con que nos desprecie.
¡Ánimo y Buena suerte!
