Opiniones

Manuel López Gascón

Tiempos de inseguridad

Una de las consecuencias de la larga crisis económica es la de hacernos cambiar algunos supuestos que habíamos dado por inmutables. Durante años hemos ido construyendo un sistema social caracterizado por una creciente seguridad: desempañábamos un trabajo estable; contábamos con unos ingresos previsibles; nuestros hijos estudiaban Derecho porque ejercerían de abogados; al jubilarnos obtendríamos una pensión cuya cantidad conocíamos; si perdíamos el trabajo recibiríamos una prestación establecida; y si ocurría algo imprevisible, algún organismo nos facilitaría ayuda.

 

Todo eso ha dejado de ser así: los puestos de trabajo escasean; los salarios bajan; los hijos que estudian Derecho pueden tener que trabajar de mozos de almacén; las pensiones están en el aire; la prestación por desempleo también; y estamos descubriendo que el Estado es incapaz de ejercer de Divina Providencia para salvarnos de cualquier adversidad.

Se trata de un doloroso proceso de reestructuración mental. Nos vemos obligados a reconsiderar algunas de nuestras creencias previas, y no es fácil aprender a mirar el mundo desde otra perspectiva. Sin embargo, ese cambio de enfoque puede resultar finalmente positivo. La inseguridad puede generar angustia, pero también obliga a meditar cuidadosamente nuestras decisiones, lo que reduce la probabilidad de cometer errores graves. Es posible que cuando comencemos a salir de esta dura y larga crisis, todos hayamos adquirido dosis suplementarias de responsabilidad. Quizá aprendamos a no dejar exclusivamente en manos de los políticos algo tan importante como la política.

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