
Pueblo con carácter
No se pueden hacer previsiones ni a corto plazo, mi columna de opinión hoy no tenía como tema del que voy a escribir, y es que la vida nos depara sorpresas a la vuelta de la esquina de cualquier segundo.
La cobardía española, era el título del artículo que debía ocupar el espacio de éste que estoy escribiendo; es posible que lo escriba para cualquier otra semana, pero hoy es imposible que lo pueda redactar.
¿El motivo? Muy sencillo, cómo voy a poder escribir de cobardía española en un día en el que por los medios de comunicación hemos visto como la población reventaba vallas, las saltaba, destruía sus candados, para poder tener acceso a la zona de la catástrofe ferroviaria en Galicia.
Sin dormir, sin pausa, sin descanso, sin rendirse, han escrito otra más de las gestas heroicas del pueblo español para socorrer al necesitado, auxiliar a las víctimas, y dar todo por sus compatriotas sin que haya espacio para el desaliento ni el abatimiento.
Todas esas horas vividas con tanta tensión, no pasarán sin dejar secuelas en el ánimo de todas esas personas que, por su acción deben ser denominadas ejemplares. España entera (en cuanto sea posible) debe rendir homenaje a todos esos vecinos que siempre están cuando las grandes desgracias aparecen, no debemos olvidar ni olvido, a todos aquellos que donaron su sangre, y a quienes desde el anonimato se ofrecieron para “lo que haga falta”; el sentido compasivo apareció y acogieron al desconocido para prestar consuelo y ayuda desinteresada.
Es muy lamentable que tengan que ser estos actos de compromiso personal, y muestras tan generosas y espontáneas, las que nos tengan que reconciliar con una sociedad que en muchas ocasiones parece estar ausente, desmotivada, pasiva, y con desánimo, víctima de tanto abuso e injusticias por parte de unos que dicen ser españoles, y que todo cuanto hacen lo hacen con el propósito de prestar un servicio desinteresado a la sociedad.
Esos mismos que destruyen pruebas del accidente del Metro de Valencia, cierran en falso la comisión de investigación “presuntamente” preparada y amañada, con políticos que no responden, lo que hace que su increíble silencio les muestre ante la sociedad como seres fríos, calculadores, y nada compasivos con las víctimas, la antítesis de un político responsable.
