Opiniones

Santiago Hernández. Lo que nos une

Los ciudadanos de Gante, una ciudad de Bélgica, son conocidos como los gentenaar. El símbolo que los representa es una sencilla vestimenta que consiste en una simple túnica y una soga alrededor del cuello. Este atuendo se remonta a la época de Carlos I, cuando Flandes pertenecía a la corona española. Bajo su reinado, en todo Flandes se sucedieron continuas protestas y rebeliones que, entre otras cosas, reclamaban más autonomía, libertad religiosa y menos impuestos. Después de una revuelta particularmente numerosa, en la que se expulsó a los españoles de Gante, Carlos I de España (y V del Sacro Imperio Romano Germánico) decidió propinar un castigo ejemplar y así, acabar de una vez por todas con las revueltas: los cabecillas de las revueltas fueron decapitados, y sus cabezas colocadas sobre estacas en las puertas de la ciudad. Y los que participaron, o dieron cualquier tipo de apoyo, fueron obligados a vestirse solamente con una ligera túnica y una soga alrededor del cuello. Esta humillación, lejos de apagar las revueltas, proporcionó a los gentenaar un sentimiento aún más fuerte de comunidad e identidad, que renovó sus fuerzas en la lucha contra la opresión.

Hoy en día nadie nos obliga a vestirnos con harapos ni a llevar una cuerda al cuello; sin embargo, cada día son más las personas que ni pueden permitirse nuevas ropas con las que reemplazar sus andrajos, y cada día son más aquellos que sienten como un nudo en la garganta los va asfixiando lentamente. Los ciudadanos estamos siendo humillados, seamos de derecha o izquierda, de arriba o abajo. Cada vez son menos los que no sienten la cuerda al cuello.
En mi opinión, si queremos conseguir algo positivo de todo esto, debemos demostrar que Goya se equivoca y dejar de reproducir su famoso “Duelo a garrotazos”.

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