Opiniones

Ana Mª Andreu

Visiones nocturnas

De verdad que lo intento, pero pueden más las visiones catastróficas que las visiones alegres. No sé si está en el ADN de las mujeres, pero los últimos cinco minutos antes de que mis hijas lleguen a casa el fin de semana son eternos y terroríficos. Aparecen sombras oscuras que las acechan en el camino a casa, coches echando humo y destrozados. Mi imaginación es capaz de crear una película, que menos mal que nunca ocurre, que ni Hitchcock en sus mejores tiempos. Debe de ser innato a las madres, o por lo menos a las de mi familia.  Mi madre me esperaba despierta y en la oscuridad, pero dudo que ella tuviese mis mismas visiones porque en ese caso en lugar de recibir esa caricia en mi mejilla cada sábado que llegaba tarde, me hubiese llenado de besos porque no me había pasado nada. Me prometía que yo no les haría lo mismo a mis hijos y me he dado cuenta de que me he convertido en mi madre y si llegan tarde el móvil de mis hijas echa humo. Odio la frase “el móvil al que usted llama está apagado o fuera de cobertura” y claro, ahí empieza mi solitaria disertación “para qué demonios les compro un móvil si nunca contestan, dónde estarán que no tienen cobertura” y sigues marcando y escuchando a la antipática que una y otra vez te repite la misma frase.

Y cuando llegan, claro, ni fantasmas ni sombras ni coches, están contentísimas  y se lo han pasado genial. Si te levantas, porque yo las espero en la cama, por dignidad, bueno si soy sincera, por no parecerme a mi madre, te cuentan lo que han hecho y lo divertida que ha sido la noche. Entonces tus fantasmas burlones van desfilando delante de tí riéndose a carcajadas y te sientes como una idiota.

Este sábado decidí que nada de casas del terror y me las imagine bailando y saltando, vamos que llené la habitación de música, risas y baile. Mi corazón no se aceleró por las visiones terroríficas pero le entró una envidia sana, quería ser yo la que estuviese por ahí con amigos riendo y bailando y no estar en la cama intentando que al darme la vuelta me doliesen lo menos posible mis articulaciones. El tiempo, el paso del tiempo es la mayor película de terror, siempre está ahí pero no es el mismo, cuando lo descubres a la vuelta de la esquina descubres una nueva arruga, la imagen que tienes de ti en tu mente y la que refleja el espejo no se parecen en nada. Era ayer, juro que era ayer, cuando mi madre me decía que a las tres y yo siempre llegaba un poco tarde, principalmente para hacerla rabiar.

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