
Defendemos la libertad de expresión, pero ¿qué libertad de expresión, si a quien no piensa como nosotros lo tachamos de antidemocrático? En unos metros cuadrados, según con quien converses y lo que expongas, eres un facha, un rojo, ultraderechista o ultraizquierdista, te etiquetan. ¿Si hace quice minutos era rojo cómo puedo ser ahora facha? Los pensadores están fuera de la sociedad. Los dos grandes partidos han fomentado el ”lorismo” y el sectarismo, “conmigo en todo o contra mi”, solo queda repetir sus exposiciones como un loro y a fuerza de repetirlas se convierten en ciertas y mandatos para todos.
Lo han conseguido, incluso en los que se consideran y consideramos los instruidos de la sociedad: en los debates, en cursos dados por catedráticos... puedes distinguir a qué secta pertecenen; lo exponen con su cuerpo adoptando los ademanes y movimientos de su lider; con la palabra repitiendo lo que dice su lider muchas de las veces sin argumentos; cambiando el tono de voz al de repugnancia al hablar de los otros; desacreditando al que manifieste una opinión distinta...
Es triste ver, y más en estudiantes jóvenes de ciencias políticas, como en defensa de esa libertad de expresión no deján expresarse al conferenciante o al interlocutor.
No está todo perdido, hay personas que piensan; piensan que esos partidos tienen razón en algunos aspectos y están equivocados en otros; osan tener nuevas ideas; piensan en el futuro de este país y están hartos de guerras dialécticas sin frutos, hartos de perder el tiempo etiquetando a los ciudadanos y quieren partidos democráticos en los que la voz del ciudadano cuente y se escuche.
Se han formado nuevos partidos, pero estos son criticados por los dos partidos temerosos de perder su poder, los atacan y desacreditan, reciben palos por la derecha y por la izquierda, son los enemigos de la sociedad, no existen ni se les da espacio en los medios de comunicación. Necesitamos pensar qué tipo de país queremos y qué ciudadanos queremos ser y, en consecuencia, darnos cuenta del poder que tiene nuestro voto, tanto si queremos conservar la sociedad que tenemos como si queremos cambiarla.
