
A la gente le extraña muchísimo que pasados los 40 uno tenga ilusiones, ganas de empezar proyectos y, sobre todo, te mira obnubilada si le dices que estas estudiando un grado. La Universidad no sólo es para jovenzanos de 20 años. Algunos tenemos ganas de aprender, de encontrar respuestas y preguntas cada día, de no dejar oxidar nuestra gran máquina y no dejarnos vencer por la pereza.
Nunca es tarde para aprender, siempre me ha parecido maravilloso que jubilados con ansias de conocimiento se matriculen en la Universidad.
La edad no sólo la miden los días que van pasando sino las oportunidades perdidas que vas dejando atrás.
No tiene porque ser el estudio, a cada uno le gusta una cosa diferente: la pintura; el deporte; la escritura; la costura... Aprender cada día algo es una labor que nos mantiene ágiles de cuerpo y de mente.
Recuerdo cuando mis hijas me decían que no sabían qué querían ser de mayores y mi contestación era “yo tampoco”. Todavía no se qué quiero ser de mayor, pero voy preparando el camino del conocimiento, por lo menos para llegar a ser yo misma.
En un tiempo en que la filosofía se ha perdido y pertenece por lo menos al pleistoceno, es bueno que nos hagamos preguntas e intentemos averiguar las repuestas. ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Dónde voy?... Estas preguntas han dejado de ser trascendentales, hoy sólo importa qué marca de móvil tienes, dónde haces shopping y dónde pasas tus vacas....
En el mundo de lo absurdo y de intentar vivir como ricos, hemos perdido sabidurías importantes que nos van a hacer retroceder años, pues la ignorancia es nuestro peor enemigo.
