
Ya han finalizado estas fiestas que muchos quieren calificar de no religiosas, pero desean salir todos los años con túnica, capirote, tambor o vela a dar la vuelta al pueblo en procesión.
No entiendo cómo a la Semana Santa se le puede quitar “lo religioso” y seguir saliendo en procesión en nombre de “la tradición”, eliminando la palabra religión.
Nadie te pide un carnet para poder salir en procesión, nadie te obliga a medir tu grado de fe o creencia religiosa. Puede salir en procesión todo aquel que lo desee. Por eso no entiendo esas ganas de autojustificación en nombre de “la tradición”, por supuesto religiosa, para justificar tu falta de creencia, cuando nadie te la pide.
En España, salvo el 1 de mayo y el 6 de diciembre todas las fiestas tanto municipales, autonómicas como estatales son religiosas. Las de nuestros pueblos y ciudades se celebran en nombre del santo o santa de turno. Tenemos devoción a nuestros patrones, no vestimos con trajes regionales y les llevamos flores, vamos en procesión, participamos en las romerías a la ermita del pueblo, nos emocionamos con el estruendo de tambores y miramos con emoción el paso, fijándonos en la expresión de dolor de sus rostros que nos emociona. ¿Cómo quitar lo religioso?
La creencia, la fe, la religión pertenece y está unida al ser humano, tanto si la tiene como si la niega. Nuestro modo de pensar lo determina en muchos casos nuestra educación religiosa, hasta el que se denomina ateo lo hace desde una percepción o educación religiosa.
Aún celebrando la Semana Santa como si fuese una semana de recreación como hacen con diversas batallas o mercados medievales, no se le puede quitar la parte religiosa porque es un sinsentido. Todo tiene un significado religioso que no se puede obviar.
Cada uno que sienta como quiera y que lo viva como lo desee o como pueda. Pero lo más importante, es que todo se haga o se vea con respeto. Respeto por el creyente que lo vive con devoción y por el no creyente que participa porque así lo siente.
La libertad en el pensar y en el creer o no creer, constituyen libertades fundamentales derivadas de la dignidad el ser humano.
