
¡Vaya comienzo!
A finales de 1984, encontrándome en el paro, recibí una llamada de mi buen amigo Alfonso GARCÍA CARDESA (d.e.p.) ofreciéndome la posibilidad de trabajar en una plataforma petrolífera en la costa de Tarragona. La oferta era más que tentadora. Por dos poderosas razones: económica y aventurera. En la misma conversación le pregunté: .- ¿Cuándo empiezo? Respuesta: .- Mañana.
Al día siguiente puse rumbo a Tarragona. Puntual como mi Omega, llegué a la cita. Tras el papeleo, me dicen: .- Mañana, a las 8, en el aeropuerto de Reus.
Conforme a lo acordado, allí acudí y la primera sorpresa: hacía un viento pelín fuerte. Teníamos que volar con un helicóptero muy grande y el piloto no quería por el viento. Como uno de los pasajeros era el Contramaestre General, el director de la plataforma, Había que volar sí o sí. Al final subimos al aparato. En el momento de elevarse, notamos cómo empieza a TEMBLAR todo el helicóptero y, rápidamente, vuelve a tomar tierra. A mí, en ése momento, me hacen una foto y no salgo de lo pálido que estaba. Todos fuera. No me lo dijeron 2 veces. Tras una hora de espera, todos dentro. Los pasajeros más avezados estaban LEYENDO EL PERIÓDICO. Al final nos elevamos y hacia la plataforma. Por la tierra volábamos alto pero, al llegar al mar, comenzó a descender para volar a unos 10 mts. de la superficie. El agua salpicaba las ventanillas. Yo ya no tenía ni sangre en las venas. ¡Y los demás, leyendo el periódico!
Tras 40 minutos veo delante de nosotros la plataforma. Cuando faltaban 100 mts. para llegar, se eleva y, por fin, aterrizamos. ¿Sabéis quien salió el primero?
