Opiniones

Cristina Andrés

Aragonés de Barcelona Hace ya más de diez años, en un curso sobre restauración organizado por la Institución Fernando El Católico de la Diputación Provincial de Zaragoza, tuve la oportunidad de conocer al recientemente fallecido, Joan Bassegoda, arquitecto perteneciente a una familia con gran tradición en su oficio. Su ponencia versaba sobre sus intervenciones en edificios de Gaudí, en la catedral de Barcelona, el Monasterio de Poblet, etc.

Se presentó diciendo "soy Joan Bassegoda, aragonés de Barcelona". Nos explicó que él se consideraba de la Corona de Aragón, consciente de que en Cataluña se lo consentían, por ser quien era, aunque lo tacharan del chalado de la familia.

Resulta curioso que muchos vecinos de Barcelona, hijos de aragoneses, se declararán más catalanes que la butifarra, y ondearán banderas esteladas en favor de la independencia. Algo que tampoco voy a cuestionar por aquello de que uno es de donde pace...

Por el lado contrario, nos encontramos con quien incluía al Aneto entre los picos más altos de Cataluña; hablan de la Corona catalano-aragonesa; han conseguido que a La Litera todos la conozcamos como "La Franja"; o piensen que tienen derecho a recuperar los bienes de su patrimonio y no tienen por qué devolver el ajeno.

Es evidente que la cuestión de la independencia de Cataluña está siendo utilizada como cortina de humo para tapar otros problemas mucho más profundos, a ellos les convencen de que la crisis se solucionará en cuanto suelten el lastre que tienen con el resto de Comunidades y a los demás de que son separatistas e insolidarios, y, mientras tanto, menos minutos en los telediarios dedicados a los recortes, a los suyos y a los de todos.

Salvando la cuestión del idioma, y no en todo el territorio aragonés, hay más cuestiones que nos unen de las que nos separan, nuestra historia en común nos hace tener unos vínculos mucho más fuertes que con el resto de España, aunque nosotros nos hemos empeñado en actuar como el pariente desheredado. Hay que reconocer que saben pelear por lo suyo como nosotros ni soñamos que, aparte de quejarnos, hacemos poco.

No me gustan los nacionalismos, invento del siglo XIX que no ha servido para otra cosa que enfrentar a unas gentes con otras. No me gusta que haya que manipular la historia para justificarlos, ni inventarse señas de identidad para hacerlos más sólidos, me da igual que sea la Moreneta o la Virgen del Pilar.

No entiendo que cuando se tiende a la globalización se quieran crear fronteras, pero si la mayoría quiere independizarse habría que respetarles y no pensar que son tan tontos que están cayendo en las tretas de políticos oportunistas.

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