
Tsunami
Las mareas se están adueñando de las calles, mareas de todos los colores, mareas de indignación, mareas reivindicativas, mareas de gente que quiere defender su puesto de trabajo, su dignidad y el futuro de sus hijos.
Mareas que caminan cientos de kilómetros, mareas encerradas en escuelas, hospitales y minas, mareas de personas que ven como los derroches ajenos han acabado con los recursos de todos.
Mareas de protestas, mareas de información sobre la prima de riesgo (esa pariente que no conocíamos hasta hace poco y que ahora nos sale hasta en la sopa), mareas de negocios que se cierran, mareas de parados, mareas de malas caras, mareas, sólo mareas...
Nos dicen que no somos Grecia, no somos Irlanda, no somos Portugal... Este país es España, tampoco somos Alemania, ni lo queremos ser, no, ni tampoco somos Islandia, un país donde la marea fue un tsunami, una gran ola que acabó con políticos y banqueros encarcelados, que cogió a los responsables y los hizo pagar por sus malas gestiones.
¿Es eso lo que quieren? Ahogarnos hasta que nos importe todo un pimiento y ya sin tener nada más que perder salgamos en una marea tan grande que arrase con todo. No sé si es lo que quieren pero es lo que van a conseguir.
Porque de recortar en número de políticos, en sus sueldos, en los de sus asesores, en sus privilegios, de eso nadie dice nada. De ajustar las cuentas a los banqueros que han gestionado mal, muy mal sus propios negocios, no de eso tampoco, al revés, les pagamos un rescate entre todos.
Y al autónomo, al pequeño empresario que, aun llevando su negocio de forma austera y controlada, se han ido al garete, a esos ¿por qué no les hemos rescatado? No, sólo salvamos a los que cuando viene la marea se suben en su yate y siguen navegando, sólo a los privilegiados para que no pierdan su estatus.
Que sigan apretando las tuercas y se van a encontrar que un tsunami se lleva por delante hasta los barcos más grandes y entonces a ver quién es capaz de pararlo.
