Opiniones

Cristina Andrés. Tradiciones y otras herencias

Mi intención era escribir de nuestra Semana Santa, de cómo hemos sabido transformar una, más que cuestionable, tradición, en un acto social y un atractivo turístico.

Se que para muchos alcañizanos cuestionarse las procesiones es echarle un gato a la cara, y muchos mayores recuerdan a sus abuelos tocando el tambor. Mi madre, sin ir más lejos, recuerda como su padre, lejos de su pueblo por cuestiones laborales, se pasaba el viernes santo repiqueteando con los dedos sobre cualquier superficie que hiciese ruido.

Evidentemente sobre el sustrato de esta tradición se apoyaron en los años cuarenta y cincuenta para crear las nuevas cofradías y sus procesiones; igual que se recuperaron romerías casi perdidas, se inventaron la popular ofrenda de flores a la Virgen del Pilar y se fomentó la jota, las sevillanas y las sardanas con los grupos de coros y danzas. Se trataba de entretener a un pueblo que había sufrido una guerra y qué mejor forma que enseñarles el camino de la diversión a través de la fe y la devoción.

En Alcañiz y, creo, que en todo el Bajo Aragón, hemos sabido transformar esta “herencia” y hacerla nuestra, de verdad, tanto así, que está por encima de las creencias de muchos para los que salir a tocar el tambor es una forma de reencontrarse con su pueblo, además de los beneficios económicos que nos pueda reportar.

Yo quería hablar de esto… pero otros legados “históricos” hacen que se me amontonen las ideas: niños jugando con armas, el ahijado cazando elefantes, curas hablando de todo, esta vez les ha tocado a los homosexuales…, todo se mezcla en mi cabeza, se me baja al estómago y me entran ganas de vomitar. Esto no hay quien lo recicle en nada bueno. Qué nos hagan tragar con estas cosas para luego decirnos que mejor no se remueva la memoria histórica, es para llorar.

Pero lo que de verdad, de verdad, casi me hace llorar esta semana, a propósito de manipulaciones, tradiciones y ver quien es la mano que mece la cuna, ha sido leer un capítulo del libro de Conocimiento del Medio que tienen que tragarse los niños de diez años. Qué vergüenza, luego nos quejaremos de la mala formación de los españoles, es infumable.

No hace falta ser muy listo para darse cuenta que la editorial es de la Iglesia, sí, de la apostólica y romana, de la que se queja que la asignatura de educación para la ciudadanía es un adoctrinamiento, de la que se cree con derecho a interferir en la política y en la sociedad española opinando sobre todas las cosas, de esa institución que viene meciendo la cuna de España desde hace tanto tiempo, y, por lo menos con el actual Gobierno, como con el que nos dejó tantos legados, consigue gobernarla.

Aparte de afirmar que en el siglo V, toda Europa era cristiana, parece que la estancia en España de los musulmanes hubiese sido un hecho anecdótico superado rápidamente por la “fe que mueve montañas”; en la Edad Media los reyes vivían en castillos, los curas en catedrales y el resto donde podía… vamos que tampoco hemos cambiado tanto.

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