Opiniones

Dafne Fortea. La Mala Educación

Cualquiera que inicie su labor profesional como profesor de secundaria, por mucha ilusión y energía que tenga por innovar, motivar a su alumnado, y cambiar las cosas en la monolítica enseñanza pública española, se dará cuenta rápidamente de lo sumamente difícil, por no decir imposible que es, que una persona pueda cambiar o modificar un sistema que lleva su propia inercia.
Después de una semana pensando en cómo hacer que dibujar polígonos resulte divertido e interesante a alumnos de 14 a 18 años, estaba viendo en la televisión un documental de la educación en Finlandia, que parecía el paraíso de los profesores, una escuela de diseño en un barrio de gran inmigración (¿Qué será gran inmigración en un país donde ésta es mínima, alrededor del 4% del total de la población?). En el documental llega el profesor a su clase, en el momento que el profesor saluda a sus alumnos, los alumnos que están ordenadamente sentados en silencio en sus pupitres, se levantan y al unísono saludan al profesor. El documental continúa con los alumnos practicando idiomas en mesas circulares, y más tarde, en una cocina, haciendo magdalenas en una clase práctica de cocina. El colegio de la pantalla parece la antítesis del las aulas de secundaria españolas, en las que cada profesor tiene que entrar a la clase entre barullos y mofas, y debido al espacio, la cantidad de alumnos por clase y el mal comportamiento, pocas veces se pueden desarrollar trabajos de conversación en grupos.
Finlandia es el país que encabeza los famosos informes PISA de rendimiento escolar, según estos informes, es el país mejor educado del mundo. El domingo pasado los finlandeses votaban en unas elecciones en las que la gran sorpresa ha sido el impresionante ascenso de la extrema derecha, el partido de los Auténticos Finlandeses ascendía de 5 a 39 diputados de un total de 200. Se trata de un partido antieuropeo, que abomina de la inmigración y se declara en contra del rescate financiero de Portugal. Resulta aterrador a la vez que chocante que el racismo y la insolidaridad abunden en un país que puede presumir de ser considerado como el mejor educado. Uno se acaba preguntando por qué los informes sobre educación no valoraran otros factores como la capacidad crítica o los valores de solidaridad y justicia social.



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