Opiniones

Eduardo Paz.

Con ocasión de la visita de Benedicto XVI a Madrid centenares de miles de personas ( dos millones decen que) han recorrido, durante cuatro días, algunas ciudades de España- principalmente Madrid, pero también Zaragoza. Se tartaba de grupos de jóvenes que, tras la bandera de su país de origen, caminaban sonrientes hablando, cantando al son de guitarras y percusiones, himnos de exaltación de sus creencias religiosas. A veces, junto a la bandera, caminaba un crucifijo. Iban por las aceras, no cortaban el tráfico ni montaban chiringuitos informativos ante los negocios de provos ciudadanos; no dejaban vidrios rotos en el suelo ni se meabanen los portales y, a hora prudente, se retiraban a sus pensiones. ¿A quien puede molestar semejante fenómeno? ¿Bajo qué argumentos puede negarse el derecho de los católicos a exhibir sus creencias con semejante respeto a los demás?
Lo que han mostrado los manifestantes anticlericales que han pretendido, sin éxito, boicotear el JMJ forma parte de ese siniestro mundo que no soporta que se le lleve la contraria. FASCISMO se llama eso?
Algo que hace esta intransigencia especialmente vomitiva es que esos mismos que no soportan la libertad de los demás son los que todos los fines de semana del año y todas las vísperas de fiesta más algun día adicional, nutren los chorritones de borrachos vociferantes y escatológicos que ocupan determinados espacios públicos de ciudades y pueblos-las llamadas zonas de ocio- masacrando la libertad de sus residentes y sometiéndolos a la degradación de sus viviendas, su descanso, su higiene urbana por pura diversión, con permiso de la autoridad competente y sin que el tiempo lo impida.
No sé, algo chirría en España, no acabamos de encontrar el tono armonioso del respeto a los demás, ese que surge del respeto a uno mismo.
En fin.
Algo, sin embargo, es intolerable de estas muchedumbres católicas: ccccccómo es posible que una religión positiva que ha estimulado una música ritual como " La pasión seguún San Mateo" de Bach o el " Requiem" de Verdi, por citar algo entre mucho, utlice esa música ramplona, ñoña, que hoy acompaña el rito de la Eucaristía y ameniza los encuentros de los católicos. Mientras eso no cambie están condenados, ni que quieran ni que no.

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