José Alberto Pellicer Los dirigentes españoles, desde hace muchísimos años, han tenido pasión por las conquistas y las guerras. Todavía se estudian las conquistas de uno u otro signo en los libros escolares como un gran logro.
A este afán guerrero no es ajeno el gobierno actual, ni el que le precedió. Desde situaciones ridículas como lo acontecido con la isla de Perejil, hasta guerras abiertas como la de Irak, las actuales del Líbano, de Afganistán o de Libia, allí están los soldados que con el uniforme del ejército español están en guerras a las que nadie nos ha llamado.
Se creen estos gobernantes dignos herederos de los Corteses, Cides o Roger de Lauria que han pululado por otras tierras conquistando y domeñando a otras gentes.
Además estas aventuras nos salen caras, muy caras. No es necesario anteponer la palabra crisis a un comentario de estas características para justificar el fin de todas estas intervenciones. Simplemente no se debe intervenir.
Quien lo justifique como que es una forma de colaborar para la implantación de la libertad y la democracia, que vayan a China, que allí tienen tajo. Qué pasa, ¿que son el hermano mayor de Zumosol? Pues a beber zumo a casa, que son aventuras que nos cuestan muchísimo dinero, obedecen a intereses económicos de otros países y al final sólo dejan muertos en la tierra donde se va y otros que se traen para casa.
Que los soldados vuelvan vivos y colaboren en este suelo patrio en labores de seguridad, de prevención de incendios, de organización de eventos,… que no da laureles, no son gestas que se estudian en los libros, pero la población lo agradece más.
