Opiniones

En mi molesta opinión: A tomar la fresca

José Alberto Pellicer Cuando no existía el aire acondicionado existía la fresca. Sólo se podía utilizar por la noche, el resto del día a buscar la ombría. Pero la fresca era mucho más que el aire acondicionado. Era el repaso diario a la vida cotidiana por parte de la comunidad de vecinos. Se ponía a caldo a quien había que poner, se asentaban los principios de relaciones sociales y se hacía grupo.

Cada uno ponía su silla, de anea por supuesto. El vecino generoso sacaba el botijo que hacía el agua casi tan fresca como la de la nevera. Los niños jugaban y escuchaban conversaciones perdidas para comenzar a aprender a ser adultos. Con los primeros bostezos se iban retirando las primeras sillas. Los niños pedían una prórroga, pero si la conversación de los mayores estaba acabada, no había dilación.

No soy de los que miro atrás, pero podrían aprovecharse las noches de verano para programar, si no todos los días, al menos unos cuantos a la semana, actividades como tertulias, proyecciones de películas, algún que otro concierto de las bandas y grupos locales, citas en la glorieta, en el cuartelillo, caminatas nocturnas (medio pueblo dando la vuelta a los puentes), obrillas teatrales de los grupos locales, cenas compartidas y cien tonterías por el estilo. Posiblemente sería divertido y no tendría coste para las arcas municipales.


A veces necesitamos que nos convoquen y esa capacidad la tiene el ayuntamiento. Pues esta es la idea.

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