
José Alberto Pellicer
En la democracia se debe creer y practicar aunque le perjudique a uno. La democracia es el respeto a los demás, aunque sean muy distintos a uno.
Mal comienza en ética democrática el nuevo presidente del gobierno, señor Rajoy, cuando defiende que no va a cambiar una ley electoral que le beneficia a él y al principal partido de la oposición. A pesar de sustituir la palabra talante del anterior presidente por diálogo, mal empezamos si el diálogo es sólo para los míos o los que me regalen los oídos.
Mientras al PP sus diputados le “cuestan” unos cuarenta mil votos, a UPyD necesita más de doscientos mil. No es justo, sea UPyD o IU o Aralar o el propio PP en otras circunstancias.
La democracia también supone respeto al otro. En muchas tertulias y opiniones se lee que los herederos de Batasuna, a los que no tengo ningún aprecio, no deben tener grupo parlamentario. Para ello se buscan todos los argumentos posibles.
Gustará o no que estén en el Parlamento español, que desprecien la Constitución. Pero la realidad es que tienen unos votos que proceden de una gente a quienes representan. Si hubieran sacado un diputado menos (el de Navarra) tendrían grupo parlamentario, pero con uno más no.
La democracia nunca debe ser la forma torticera de buscar cómo excluir a quien no gusta apareciendo como un defensor de los intereses generales. Además crea víctimas que se encorajinan.
Si quieren volver al redil de las formas democráticas que tenemos los españoles, bienvenidos sean, por mucho que los podamos odiar y por mucho que nos odien. Si son legales, lo son para todo.
La democracia, ante todo debe suponer respeto, aún con quienes no respetan.
