Opiniones

En mi molesta opinión: ¿Dónde está Ángel Lacueva?

José Alberto Pellicer Hace ya unos días mi amigo Enrique Martínez me escribía en este medio diciendo que había comenzado un maratón contra Ángel Lacueva (más o menos). No es ningún maratón. Es que cada poco tiempo los muchachos de Hacienda me piden más dinero para mejorar infraestructuras, hacer carreteras, autovías, hospitales, centros de educación,… en fin toda esa retahíla de cosas que se nos ocurren cuando hablamos de servicios públicos.

No sé si va con el carácter español, o es universal, pero duele soltar el dinero. Al final, como la amenaza es severa, lo sueltas y uno paga sus impuestos.  Oteas por el horizonte y no hay forma de ver que aquellas promesas que hacían los que tienen el poder de manejar a los inspectores se esté haciendo. Los programas electorales son papel mojado. Pero en cambio siguen cobrando sus generosos sueldos. ¿Y por qué? Pues no acierto a saberlo. Porque por nada no será.

El programa con el que se presentó Ángel Lacueva no se ha cumplido. Y duele. No le voté, pero quiéralo o no, me representa, de la misma forma que quiéralo o no cobra de mis impuestos.

Visto que en muchas ocasiones los políticos que bienviven de la política aparecían por saraos, vinos españoles y aragoneses, comidas populares y elitistas, fiestas de inauguraciones, preinauguraciones y posinauguraciones, comidas de asociaciones y deportivas,… en los que ve que todos están de acuerdo, sonríen, no discuten y abren la boca no para criticar o aportar soluciones, sino para que el gaznate deje paso a las viandas correspondientes. ¿Será para eso para lo que han salido elegidos? ¿Será que son los probadores de los pepinos y otras comidas para asegurarse que su amado pueblo no va a morir a manos de una bacteria?

Pues no será. Porque Ángel Lacueva, del que sólo recuerdo la gesta de ser miembro del PNV por unas horas, ya no le invita a las comidas ni su propio partido.

¿Y si dimitiese? ¿Sería tan grande la pérdida? ¿Iría su amado Bajo Aragón a pique? ¿Podría yo mismo vivir sin meterme con él? Son preguntas de difícil respuesta, pero igual es ético. Y en un mundo falto de ética estamos dispuestos a conformarnos con un poco de estética.

Anda Ángel, da un paso noble y vete a casa. Yo estoy dispuesto a olvidar que un día fuiste Pachi Lacueva.

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