José Alberto Pellicer
Sabido es que respetar la libertad es aceptar que en una manifestación acuda quien quiera. Lo he aprendido y en ocasiones sufrido desde mi lejana juventud.
Pero a veces indigna que tu compañero de protesta sea uno de los destinatarios de tu indignación.
Me indigna, en una manifestación de indignados, escuchar gritar “no nos representan” a unos que nos están representando.
Me indigna que estén en los dos bandos. Los que ahora nos representan y los que luego, si cambian las cosas, también nos representarán.
Me indigna que se grite “no hay pan para tanto chorizo” y al lado tenga a un chorizo que se está comiendo el pan de mis impuestos a manos llenas, recogiendo subvenciones, ayudas y prebendas que le permiten pasearse a cargo de los presupuestos de la provincia.
Me indigna que hable en nombre de los parados un funcionario. Me indigna que hable en nombre de los hipotecados el propietario de un chalé.
Me indigna que pida puestos de trabajo quien no ha creado ninguno.
Me indigna que no tengan vergüenza algunos.
Sabido es que respetar la libertad es aceptar a acompañantes que no compañeros.
Yo respeto que ellos acudan. Estoy indignado y no he ido a muchas concentraciones por no encontrarme a quienes me indignan.
Lamenté irme antes de acabar la concentración el pasado sábado. Pero lamento aún más que otros se fueron al principio viendo quienes estaban. Y lamento aún más que otros ya no van. Yo casi seguro que no volveré. Lo que algunos agradecerán.
