
José Alberto Pellicer Para toros, toros, los de Pamplona, que aún de bronce cornean. Por mucha fama que lleve el toro Ratón con sus tres muertes en los pitones, no hay nada como seguir los pasos del Cid que las batallas que más fama dan son las que se consiguen después de muerto (por cierto que es una leyenda urbana del medievo). Así les ha ocurrido a los toros de los sanfermines, que están inmortalizados en Pamplona. Un joven que ha venido al encuentro mundial de jóvenes católicos ha resultado corneado por un toro de bronce. Y es que estos toros más que para hacer encierros están para que los encierren pues andan al acecho no de los corredores, sino de los que posan entre la cámara y el pitón de bronce.
Y es que los toros posiblemente no entiendan de dioses, ni de milagros. Aunque, si el mozo ha sobrevivido, ¿no escucharemos algo así como “menos mal que lo ha protegido la mano de Dios, porque sino muere el chico. Ha sido un milagro”?
Y es que algunos tienen la cara de suerte. Si sale algo mal, los humanos nos lo merecemos, somos castigados y es culpa nuestra por no estar donde estábamos. Si sale algo bien, el manto divino ha obrado el milagro. Así cualquiera es dios.
