José Alberto Pellicer El júlligan es una persona fanatizada que sigue a su equipo de fútbol sin mirar quien está al lado y estaría dispuesto a dar su vida por él. Se suelen organizar en bandadas, como los estorninos y si pueden arrasan con todo lo que represente al rival.
Esta misma semana, en la web del equipo de fútbol del Sevilla salía la clasificación a partir del segundo, ¿por qué? porque el primero era su rival, el Betis.
En la política también hay mucho júligan. Muchísimo, más del que parece. Lo que pasa es que como van en ocasiones con traje y dicen palabras lisonjeras para el potencial votante, parecen otra cosa.
Suelen dividir el mundo en izquierda y derecha, en rojos y nacionales, sin enterarse que todos hacen el mismo o parecido juego, como en un partido de fútbol. Defienden sus colores, que al igual que en el fútbol, cada partido tiene sus colores, denigran al color del contrario. Su líder es el mejor, mientras está al frente, cuando lo cambian otro es el mejor. Todos como borregos besan el culo del Belcebú de turno. Si el líder dice que privatizar es de izquierdas, defienden la privatización. Si el líder dice que repartir es de derechas, todos están dispuestos a que los demás repartan.
Como llevan la contraria al rival, la derecha se hace ecologista y la izquierda militarista.
En fin, júligans irracionales, como son todos los júligans. Sin crítica, sin raciocinio, sin análisis, sin colaboración, sin principios y sin finales.
Gobierno, luego soy el mejor. Estoy en la oposición, luego soy el mejor. Porque para un júligan siempre su equipo/partido es el mejor.
Menos mal que una parte importante de la población es seguidora del fútbol y alaba el juego de quien bien juega y otra parte importante de la población ni mira el fútbol aunque jueguen blancos contra azulgranas. Y otros que los veían, ya giran la cabeza para otro lado. Y es que otra característica de los júligans es que están dispuestos a dar su vida por los multimillonarios que cobran de ellos. El 20 N hay partido.
