José Alberto Pellicer En época de vacas flacas se dice que todos hemos de arrimar el hombro. En época de vacas flacas ellos se comen en público la escasa carne y a los demás nos tiran los huesos.
No quiero arrimar el hombro porque yo no he provocado esta crisis.
No quiero arrimar el hombro porque yo cumplí con las leyes aunque no me gustaran.
No quiero arrimar el hombro porque yo cobré los 400 euros que me daba Zapatero después de habérmelos recaudado. Hubiera preferido que se hubiera gestionado en previsión de malos tiempos.
No quiero arrimar el hombro porque se ha despilfarrado el dinero que pagué y ahora me dicen que vuelva a pagar.
No quiero arrimar el hombro porque no he llevado una vida de dilapidación y otros sí.
No quiero arrimar el hombro porque lo que he comprado lo he hecho con mi dinero, no con el de los demás.
No quiero arrimar el hombro porque no sé para qué servirá y me malicio que después de arrimarlo los mismos volverán a gastarlo hasta que dentro de no sé cuánto me vuelvan a decir que necesitan más.
No quiero arrimar el hombro porque el dinero que había sigue existiendo, pues que lo busquen donde está.
No quiero arrimar el hombro, porque antes deberían arrimarlo los duques que se han llevado el dinero a manos llenas, los alcaldes que iban a burdeles a cargo del ayuntamiento, concejales que arreglaban casas de familiares a cuenta del dinero público, ministros que teniendo despachos fastuosos se reunían en gasolineras, banqueros indultados, banqueros retirados y un larguísimo etcétera del que cualquiera conoce tres o cuatro nombres más.
Insisto, no quiero arrimar el hombro, porque no sé para qué, ni por qué.
