
Vértigo Los acontecimientos se suceden vertiginosos, girando a la vez que incrementando la velocidad, arrastrándonos hacia un vórtice que parece inexorable con gran fuerza, aturdiéndonos, neutralizando nuestra capacidad de reacción.
La sensación de impotencia se acrecienta, el entendimiento se debilita, la mente se confunde y no hay claridad ni aún a pleno sol.
Los referentes se evaporaron hasta para los más creyentes, el estúpido sonsonete de la directriz de partido de turno suena tan hueco, falso y cavernoso que produce vergüenza ajena y nos lanza a la cara como una bofetada la imagen cínica, sucia y enojosa de quien sirve de portavoz.
Ninguna voz calmada y sabia nos llega para aliviar el dolor y los temores, solo algarabía de zangolotinos por las televisiones embusteras.
En las manifestaciones a las que me sumo veo camisetas de colores y abundancia de reivindicaciones, cada una con su color, el negro reivindica la solución al carbón, el verde la enseñanza… como si de la suma de problemas sectoriales se tratase. Quiero ver compañeros a mi alrededor, solidarios todos con una causa común, fuertes y unidos en torno a ella y veo reivindicación corporativa, incluso reticencias a la mezcla, muchas ganas de arreglar lo mío y salir pitando. Así lo veo o es el vértigo
Como en sueños recuerdo como me impresionaban de niño los grabados que ilustraban la enciclopedia que fuera libro de texto en la educación de mi muy querido hermano mayor. Y entre ellos está fresco en mi memoria aquel que representaba a Jesús el Galileo armado con correas y que con gesto violentado arreaba a los mercaderes y usureros echándolos del templo. El paradigma de la paz y el perdón mostrando enojo y violencia ante los cambistas, prestamistas, avaros, especuladores… es decir los banqueros de la época. Dos mil años atrás el hijo de José el carpintero de Nazaret ya nos mostraba el camino… así lo veo o es el vértigo… o tal vez un poco de fiebre del maldito catarro de verano que arrastro.
