
A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César Los debates sobre la ley de educación y la presencia de la religión confesional como una materia escolar, la polémica sobre los matrimonios homosexuales o el aborto son algunos ejemplos de cómo la jerarquía católica no se limita a ejercer su derecho, como cualquier otro grupo o ciudadano, a manifestar sus opiniones.
La cúpula de la Iglesia católica trata de utilizar su estatus para querer imponer a la sociedad española su modelo de familia, de educación, en definitiva, de querer seguir tutelando la moral de todos los ciudadanos.
Una sociedad democrática y plural no puede permitir esta intromisión de los púlpitos en la vida política, pues somos los ciudadanos a través de las instituciones políticas y sociales que organizan el Estado, quienes deberíamos de tener el derecho a decidir libremente las normas y leyes que deben estructurar el espacio público.
Es necesaria una respuesta por parte de la ciudadanía que lleve a la separación Iglesia-Estado para conseguir la neutralidad de los poderes públicos respecto a las creencias religiosas y la igualdad del derecho a la libertad de conciencia (religiosa o no) de todos los ciudadanos, donde se respete por igual a todos, al margen de sus propias convicciones o creencias y donde ninguna opción ideológica se vea privilegiada.
Que las democracias sean representativas significa que no siempre podemos tomar decisiones y emprender acciones políticas directamente, para eso nombramos a mujeres y a hombres que nos representen en el gobierno del Estado, les concedemos el derecho de decidir y actuar en nuestro lugar en lo que concierne al orden civil y público, NUNCA en lo que concierne al orden privado.
