
Estamos cabreados La falta de futuro y la dura realidad, lleva a la ciudadanía a cabrearse contra bancos, políticos y empresarios que mediante el pelotazo, el fraude y perversas políticas nos conducen al camino del pasado en donde solo existían dos castas: muy ricos y muy pobres.
¿Cómo no rebelarse ante las injusticas que vemos a diario? ¿Cómo no sentir dolor en el corazón al ver desamparadas a familias que han de soportar sin ayuda la carga de un niño con parálisis cerebral? ¿Cómo no sentir repugnancia al conocer que el que fue hasta hace muy poco el primer representante de la patronal escondía oro y dinero negro en su vivienda mientras dejaba sin pagar a sus trabajadores y predicaba la necesidad de cobrar menos para poder salir de la crisis?
No es un ejemplo raro el de Díaz Ferrán su forma de actuar se repite entre empresarios de menor nivel. Es demasiado fácil descapitalizar una empresa, como es fácil trasladar el dinero a Suiza como acaba de hacer legalmente y sin rubor el arquitecto Santiago Calatrava.
¿Cómo puede ser legal que grandes empresas puedan cobrar sus beneficios en Luxemburgo, Andorra o Gibraltar para pagar menos? ¿Cómo podemos anestesiarnos ante millonarios futbolistas que han recibido millonarias primas ingresadas en Sudáfrica? ¿Cómo no sentir repugnancia al conocer que miles y miles de ciudadanos se apoyaban en el arte de un chino para blanquear su dinero negro?
La gente está harta. Harta porque ya no soporta más engaños ni falsos culpables. Ya basta de la pantomima de unos políticos que se limitan a solicitarnos cada cuatro años el voto con mentiras. Hace falta limpiar esto pero con nuevas reglas y más democracia.
Hay indignación y mientras tanto nos dejan sin escuela, sin sanidad, con más IVA, con más tasas, con más IBI, sin protección a los parados, con bajadas de pensiones, con sueldos cada vez más precarios y mientras hacen todo eso se atreven a pregonar que “no hay otra salida y que lo hacen para salir de la crisis”. Y mientras nos dicen lo que nos dicen, se han puesto de acuerdo para que la prioridad sea garantizar los capitales y sus beneficios.
Nadie habla de cambiar las leyes para que no sea legal evadir dinero del país obligando a pagar esas fugas a enfermos de alzhéimer, mujeres maltratadas, niños abandonados, estudiantes, autónomos, guarderías, funcionarios o pensionistas, y con esas fugas de capitales exportamos ingenieros, investigadores y médicos a Alemania para que ese país tenga las cuentas saneadas y siga dictando reglas.
¿No hay otra alternativa para evitar que aquí, ahora mismo, entre 3 y 4 millones de personas pasen hambre como nos dicen los informes de Cáritas y Cruz Roja?
