Opiniones

Eva Clavería. Lenguaje manipulado

Uno de los mayores logros del neoliberalismo es la manipulación del lenguaje.
Por ejemplo, la palabra reforma ya no quiere decir mejora sino retroceso. La solidaridad no consiste en redistribuir desde los ricos hacia los pobres, sino de favorecer a los ricos a costa de los pobres, la igualdad es cada vez menos una igualdad entre clases para devenir casi en exclusiva en una igualdad entre sexos.
Garantizar las pensiones ya  no quiere decir que en el futuro los pensionistas tengan una jubilación digna,  sino que las pensiones públicas no hayan desaparecido, aunque la cuantía de las mismas  se sitúen por debajo del umbral de la pobreza.
Tampoco una “salida social” de la crisis consiste en que quienes salgan mejor parados de la misma sean los trabajadores y las clases medias, sino los grandes patrimonios. Privilegio se considera ahora cualquier derecho laboral de los trabajadores “normales” pero no la utilización que los grandes directivos realizan del derecho laboral o mercantil para gozar de bonos, jubilaciones o contratos blindados de escándalo.
Esta continua manipulación ha hecho creer  que todos nuestros males han sido producto del supuesto egoísmo de los trabajadores y no  de los intereses del capital. Es muy evidente que quienes han creado la  precariedad  del mercado de trabajo, en España y en otros muchos países, han sido los Gobiernos con sus políticas. Unas políticas que han alimentado un segundo mercado de trabajo con el objetivo último de hacerlo mucho más barato (en salarios, en prestaciones sociales, en costes de despido)  mediante normas y subvenciones de las que se han aprovechado masivamente las empresas. Hay que decir que son muy pocos los resultados sobre la estabilidad a largo plazo del empleo y con nefastas consecuencias sobre la estructura y la productividad de nuestro sistema económico, sin que ninguna de las sucesivas reformas que se han realizado, supuestamente para acabar con dicha dualidad haya variado la situación salvo para empeorarla.
Es hora de empezar a llamar a las cosas por su nombre, dejarnos de demagogias y empezar a aplicar de una vez medidas que verdaderamente creen empleo y que no solamente sirvan para que el despido sea más barato y el trabajo más precario.

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