Opiniones

Gonzalo Villa

Mirra


Odiar a tu padre es un crimen, pero desearlo es un crimen todavía mayor. Mirra tenía muchos pretendientes venidos de todo el Oriente; en cambio elige al que no puede elegir: a su propio padre, Cíniras, hijo de Pafos. Consciente de ello, trata de luchar contra aquel amor ignominioso. Piensa que los animales se acoplan como les parece; no es vergonzoso que una ternera sienta a su padre sobre el lomo, un caballo puede tomar por esposa a su propia hija, el macho cabrío monta a las ovejas que él mismo ha engendrado y el ave concibe de la misma simiente de la que ella fue concebida. En cambio, los prejuicios de los hombres han creado normas y prohibiciones.
Quiere irse lejos, abandonar las tierras de su patria con tal de escapar del crimen, pero el pernicioso ardor de su amor la retiene. Quiere ver a Cíniras, quiere tocarlo, quiere hablar con él, quiere besarlo por lo menos si no le está permitido ir más allá. Con horror se da cuenta de que quiere ser la rival de su propia madre y la concubina de su padre, que su hijo podría ser su hermano. Se acuerda con pavor de las Furias, las hermanas que tienen serpientes negras por cabellos.
Un día Cíniras le preguntó a su hija con cuál de sus pretendientes desearía casarse. En principio, ella calló. Miró a su padre con los ojos llenos de lágrimas. Éste, pensando que era a causa de su timidez, le dijo que no llorase, enjugó sus lágrimas y la besó. Cuando volvió a preguntarle qué tipo de hombre desearía por marido, ella respondió:
    Uno parecido a ti.
Él quedó complacido sin comprender el significado de sus palabras y le dijo:
    No dejes nunca de ser una hija tan afectuosa.
Mirra bajó la mirada.
(De las metamorfosis de Ovidio)
Mirra al final quedó preñada de su padre, y tuvo a un niño precioso, Adonis, que joven fue muerto por un jabalí.
Cuando al hijo de Dios le crucificaron, del ser humano espera cualquier cosa. Y más allá del género, la clave está en lo que se vive, y en lo que ni se atisba. De donde no hay no se puede sacar, y con paja no se puede hacer una casa de ladrillo. Trabajo hay, lo que se necesita es organización, y desterrar las motivaciones egoístas, para dar paso a nuevas costumbres. Y si el aparataje estatal estrangula a la ciudadanía, no vamos a vender el camión para gasolina. Desde luego cuando alguien indaga algo, no han de faltar oportunistas a los que no les interesa la cohesión social o el pleno empleo salvo ese mínimo estructural, y no sería raro, que quienes les constriñen, sean los servidores por definición. Lo mismo que Mirra, mucha gente se pone a convivir con sus padres, y les parece normal, hasta atractivo, por no aprender a desarrollar sus afectos con quienes no son sus familiares, y no ya por normas, sino por daño científico contrastado para la progenie, que no solo no serán Adonis, sino  criaturas con malformaciones. Y la solución no pasa por acosar a políticos, sino por salir del huevo y ponerse a estructurar, en vez de a destruir y campar a sus anchas.
Podemos dejar atrás los calvarios, hay que cambiar las costumbres y las aparentes obviedades, para que miremos a la actualidad, como miramos ahora a la tuberculosis o la peste, algo superado, y no algo que se cura con la muerte de Jesucristo en la Cruz, y una tormenta, aunque sea maravilloso que se curen personas como la madre y la hermana de Ben-Hur.

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