
Supongo que todo es posible
Cinco años, ojalá hubiera podido llevarte a tu primer día de colegio.
Seis años, ojalá hubiera podido estar ahí para enseñarte a tocar el piano.
Ojalá hubiera podido abrazarte cuando te rompieron el corazón.
Ojalá hubiera podido ejercer de padre. Nada de lo que he hecho me quitará esa pena.
Si te sirve de algo, nunca es demasiado tarde, para ser quién quieras ser. No hay límite en el tiempo. Empieza cuando quieras. Puedes cambiar o no hacerlo. No hay normas al respecto. De todo podemos sacar una lectura positiva o negativa. Espero que tú saques la positiva. Espero que veas cosas que te sorprendan. Espero que sientas cosas que nunca hayas sentido. Espero que conozcas a personas con otro punto de vista. Espero que vivas una vida de la que te sientas orgullosa. Y si ves que no es así, espero que tengas la fortaleza para empezar de nuevo.
(El curioso caso de Benjamin Button)
Se puede discrepar o coincidir, de hecho puedes encabritarte como un caballo salvaje, puedes decir palabrotas, maldecir al destino, o puedes cambiar tantas cosas. Deshacer todos nuestros errores, en vez de limitarnos a esperar, pensando que haríamos algo para cambiar nuestra situación,…que haríamos algo… ¡Qué pérdida de tiempo! ¡Jamás se recupera el tiempo perdido!
Y mientras leemos ñoñas historias de amor, nada escabroso, contenemos los instintos más naturales que nos demandan un poco de espontaneidad, de… verdad. La misma verdad que forja los más altos y nobles principios, con los que evitar la aparición en nuestra vida de los más sucios y retorcidos fines.
Creo que todos tenemos esos pensamientos de vez en cuando. Que a pesar de estar con las personas que más nos necesitan, no dejamos de reconocer los terribles errores que hemos cometido, mientras seguimos adelante, entregados a los compromisos y obligaciones, que dejan algún resquicio para la ternura y el deleite de los sentidos.
Pero también constatamos las indolentes conductas de las gentes que reclaman atención y ayuda, haciendo ascos a los que están peor que ellas. Una trasplantada que se niega a auxiliar a unas víctimas de un accidente de tráfico. Una criatura a la que salvaron la vida unos médicos anónimos, que asesina a su hija, vociferando ¡lista, so lista!, aborreciendo que le guste estudiar y cualificarse, mientras brota de su boca como la baba verde de una endemoniada sometida a exorcismo ¡de que te ha servido tanto estudiar! Una divorciada que impide la convivencia de los hijos con su padre, escandalizándose porque hayan suprimido su puesto de trabajo, vamos, arrebatándole lo que consideraba suyo. Lo suyo no era suyo, era compartido. Y manos que no dais, ¿qué esperáis?
Me duelen las rodillas, de tanto arrodillarme cada noche para pedirle a Dios que traiga a los que están lejos, sanos y salvos a casa. Y aunque nunca se sabe lo que les espera, el Señor ha respondido a mis plegarias, a pesar de que el demonio ha querido llevárselos antes de tiempo.
Supongo que todo es posible. Que los seres a los que queremos, saben lo importantes que son para nosotros, aunque estén dormidos en camas, sobre las que se ciernen continuos peligros.
Supongo que todo es posible, los que condenaron al mercader de Venecia, se convirtieron en prestamistas destructivos, reclamando libras de carne a millones de personas, y se las cobraron. Y parecen tener seguidores, muchos seguidores.
Supongo que todo es posible. Un Benjamin Button de veinte años, hace el amor a una señora casada de sesenta, y no nos causa apenas rechazo, ni él ni ella. Aunque mejor es que hubieran estado juntos y aceptarse con sus circunstancias, ya que los protagonistas se querían bien, pero no como para aceptarse y dignificarse en la familia, claro.
